ACTUALIDAD INTERNACIONAL Y LATINOAMERICANA                  Guillermo Tribín Piedrahita 



NORCOREA NO QUIERE CONTINUAR DIALOGO CON COREA  

    El gobierno de Corea del Norte volvió a convertirse en la “oveja negra” de la difícil situación por la que atraviesa el mundo, y dando muestras de lo que fue calificado por expertos como “espíritu belicista”, resolvió cancelar sus diálogos con el régimen de Corea del Sur y amenazó a Japón con represalias porque este país lanzó sus primeros “satélites espías”, para advertir a los norcoreanos que está dispuesto a defenderse de cualquier ”amenaza militar”.  

    El único contacto regular militar que mantenía con el comando de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), encargado de vigilar el cumplimiento del Acuerdo de Armisticio de la guerra de Corea, firmado el 27 de julio de 1953, fue suspendido por decisión del gobierno norcoreano, en una medida “mal recibida” por la opinión pública internacional y por los países interesados, que no llegan a “entender el por qué de esa postura”.  

    La medida, a juicio de expertos surcoreanos, japoneses y estadounidenses, “aísla mucho más” a Corea del Norte, porque se hace efectiva en momentos en que su régimen está “bajo sospecha” por la posibilidad de tener un amplio programa de armas nucleares y de destrucción masiva.  

    El gobierno norcoreano, que mantiene una cerrada lucha con Estados Unidos, acusa a este país  de “pretender atacarlo”, pero el presidente surcoreano, Roh Moo-Hyun, negó esas acusaciones, señalando que “carecen de todo fundamento”, ya que las fuerzas estadounidenses que se encuentran en el Océano Pacífico, aunque en “estado de alerta”, buscan reforzar su territorio y el de Japón, pero no van a “desatar una segunda crisi iraquí” en la península coreana.  

    Los norcoreanos dijeron que existe “un alto estado de alerta militar en Corea del Sur, que fue instaurado tras estallar, en la madrugada del 19 de marzo, la guerra de estadounidenses y británicos contra Irak  

    Como consecuencia de “esos temores” el régimen comunista norcoreano señaló que “había decidido reforzar sus defensas”, pero el presidente Roh afirmó que “no habrá guerra en la península coreana mientras nosotros mismos no queramos” y, además, porque Estados Unidos prometió resolver la crisis por “medios pacíficos”.  

    Maurice Strong, enviado estadounidense en esa península manifestó, en rueda de prensa, que funcionarios norcoreanos le dijeron en Pyongyang, la capital norcoreana,  que su país “se reservaba el derecho de reprocesar el combustible agotado de plantas nucleares”, lo que a juicio de expertos “podría dar suficiente plutonio” para varias ojivas nucleares, que estarían listas para ser usadas en pocos meses, y con lo cual se incrementarían “mucho más las tensiones” en la zona.  

    Mediante un mensaje telefónico, el ejército norcoreano dirigió un mensaje al comando de la ONU para informarle que a partir del 28 de marzo no volvería a enviar a sus delegados a la reunión de enlace que se venía celebrando en la región intercoreana de Panmunjom, con lo que se ponía fin a un proceso encaminado a buscar acuerdos concretos entre los dos países, divididos tras la guerra que comenzó el 25 de junio de 1950, y que se habían dividido y proclamado como repúblicas el 15 de agosto de 1948, la del Sur, y el 8 de septiembre del mismo año, la del Norte.  

    La agencia oficial norcoreana de noticias KCNA, divulgó el mensaje de cancelación de las  reuniones, suscrito por el jefe de la delegación de ese país, Pak Chan-Ryon, quien adujo para ello que “no tiene sentido reunirse con el lado de las fuerzas norteamericanas para discutir cuestión alguna mientras persistan en su arrogancia”.  

    Estados Unidos “lamentó” la cancelación de las conversaciones entre ambas Coreas, y a través del portavoz del Departamento de Estado, Richard Boucher, señaló que “siempre hemos apoyado el diálogo norte-sur, porque creemos que es importante para resolver asuntos bilaterales” .  

    Ambas Coreas continúan, después de 50 años, en “estado de guerra” porque el Acuerdo de Armisticio firmado nunca se sustituyó, como era lo lógico, por un Acuerdo de Alto el  Fuego, que hubiera puesto fin, oficialmente, al conflicto que las enfrentó y que determinó que una de ellas, la del Norte, se convirtiera en aliada del régimen comunista imperante en la entonces Unión Soviética, mientras la del Sur lo hizo con Occidente y recibió el apoyo de Estados Unidos.  

    Alcanzar la reconciliación nacional; la disminución de las tensiones militares; la reunión de las familias separadas a la fuerza por la guerra, calculadas en ese entonces en diez millones de personas, y la cooperación económica y social, fueron los cuatro puntos que contenía el Armisticio.  

    Antes de tomar este nuevo paso, Norcorea dio otro, igualmente calificado como “peligroso”,  al expulsar en enero pasado de su territorio a los inspectores del Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA), encargados de vigilar que ese país no fabricara armas de destrucción masiva.  

    Los dos países han seguido caminos muy opuestos, ya no sólo ideológicamente sino en el aspecto económico y mientras Norcorea está pasando por diversos apuros siendo uno de los países asiáticos más pobres, Surcorea goza de “excelente salud financiera, social y económica” y sus habitantes tienen una alta renta per cápita. No obstante, la primera, a pesar de su pobreza, se encuentra “mucho mejor armada y entrenada para la guerra”.

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