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ACTUALIDAD INTERNACIONAL Y LATINOAMERICANA Guillermo Tribín Piedrahita |
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Una
estructura de mediación para
ayudar a los países a prevenir y resolver
los conflictos provocados por el agua será creada
bajo los auspicios de la Organización
de las Naciones Unidas para la Educación, la
Ciencia y la Cultura (UNESCO) en colaboración con
el Consejo Mundial del Agua (CMA) y la Corte
Permanente de Arbitraje de La Haya.
El
anuncio fue hecho durante el recién clausurado
Tercer Foro Mundial del Agua, celebrado en Kyoto
(Japón), por el Director General de la UNESCO, Koichiro
Matsuura, quien
añadió que esa nueva estructura de cooperación
“reaccionará ante las crisis, interviniendo en
ellas o prestando asistencia a las partes
interesadas cuando éstas lo pidan, y también
previendo los conflictos relacionados con el
agua”.
Este
nuevo organismo de cooperación se establecerá en
la sede de la UNESCO, en París,
y los Estados, las partes interesadas
privadas y las organizaciones intergubernamentales
podrán recurrir a él para contribuir a la
solución de conflictos o problemas relacionados con
los recursos hídricos internacionales, así como en
las disputas locales, ya se trate de desacuerdos
acerca de nuevos proyectos de presas fluviales
compartidos o de casos de contaminación de
acuíferos comunes.
La
estructura de cooperación, en función de la
índole del conflicto y de las peticiones de las
partes interesadas, suministrará diversos servicios
como los de asesoramiento técnico y jurídico;
formación para adelantar negociaciones;
conciliaciones; misiones de investigación,
interposición de buenos oficios y creación de las
condiciones propicias para negociaciones de alto
nivel.
Con
vistas a prevenir el surgimiento de conflictos en
cualquier cuenca, “la UNESCO facilitará a la
“comunidad del agua” los recursos necesarios, el
contexto propicio, el respaldo en materias de
políticas, la asistencia técnica y los mecanismos
judiciales que se necesitan para prever, prevenir y
resolver los conflictos relacionados con el agua”,
señaló Matsuura.
Para
facilitar las discusiones y coordinar las
investigaciones entre los países, ayudando al mismo
tiempo a los gobiernos a mejorar sus capacidades
institucionales y técnicas para administrar los
recursos hídricos, el Programa Hidrológico
Internacional (PHI) de la UNESCO utilizará sus
redes de expertos en el mundo.
Esta
nueva estructura de cooperación, explicó Matsuura,
surgirá por una iniciativa conjunta de la UNESCO y
del Consejo Mundial del Agua, el centro
internacional más destacado de estudios sobre
políticas relativas a los recursos hídricos.
El CMA
contribuirá en la movilización del necesario apoyo
político para respaldar esa estructura y otorgará
asesoramiento sobre políticas a las partes que
estén en litigio. Además, la Corte Permanente de
Arbitraje, con sede en La Haya, tendrá como misión
emitir dictámenes jurídicos y servirá de foro de
encuentro neutral para las partes en conflicto que
traten de conciliarse, y también efectuará
misiones para investigar las discordias sobre el
agua en el plano internacional y prestará
asistencia de otro tipo a petición de las partes
interesadas.
El
Secretario General de dicha Corte, Tjaco
van den Hout, afirmó
que “la estructura conferirá una nueva dimensión
a los esfuerzos de este organismo para
resolver pacíficamente las disputas concernientes a
los recursos naturales”, con lo que jugará un
papel importante para evitar que los conflictos se
alarguen innecesariamente o puedan originar
importantes desavenencias e, incluso,
enfrentamientos bélicos.
Una
asociación en la que participan diez universidades
de los cinco continentes (la Universities
Partnership for
Transboundary Waters),
ayudará a elaborar material educativo y programas
de formación relacionados con los negociaciones
sobre los recursos hídricos, para facilitar las
mismas y evitar mayores conflictos.
La
UNESCO informó que un tercio de las 263 cuencas
fluviales internacionales son compartidas por más
de dos países y 19 pertenecen a cinco o más
países, y que más de la mitad del abastecimiento
de agua de una buena parte de los de Africa
y de Oriente Medio depende de recursos hídricos
“extranjeros”, es decir procedentes de otros
países; otro tanto ocurre en el Cono Sur
Latinoamericano.
Según
la UNESCO, se prevé que la creciente demanda de
agua desembocará, inevitablemente, en “conflictos
crecientes e, incluso guerras” por los recursos
hídricos, aunque estudios publicados por esta
organización, señalan que la escasez de agua no
tiene por qué “desembocar en catástrofes o
conflictos”.
En el
Informe Mundial sobre el Desarrollo de los Recursos
Hídricos (publicado por la UNESCO y elaborado por
el Programa Mundial de Evaluación de los Recursos
Hídricos) se presenta un estudio-análisis sobre
todas las interacciones provocadas por el agua entre
dos o más países durante el último medio siglo, y
de las 1.831 interacciones registradas, 1.228 –una
inmensa mayoría-, fueron de índole cooperativa y
promovieron la firma de 200 tratados de reparto de
aguas o la construcción de nuevas presas.
De los
507 episodios conflictivos que se produjeron,
únicamente 37 fueron violentos, y entre éstos,
sólo 21 consistieron en operaciones de carácter
militar, y de acuerdo con las conclusiones del
estudio, “pueden surgir litigios en los cinco o
diez años venideros” en éstas cuencas
hidrográficas: Ganges-Brahmaputra,
Han, Incomati, Kunene,
Kura-Araks,
Lago Chad, Río de La Plata, Lempa, Limpopo,
Mekong, Ob
(Ertis), Okavango,
Orange, Salween,
Senegal, Tumen y Zambeze.
Actualmente
en otras cuatro cuencas –Mar de Aral,
Jordán, Nilo y Tigres-Eufrates-
“hay conflictos o están siendo objeto de intensas
negociaciones”.
Aunque
es obvio que la escasez de agua es un factor del
aumento de la tensión entre los Estados, la
verdadera raíz de los conflictos o situaciones de
inestabilidad estriba en la falta de tratados o
estructuras internacionales para administrar
conjuntamente los recursos hídricos compartidos.
Sobre
las cuencas hidrográficas internacionales se
ciernen tres peligros potenciales: su
“internacionalización” a causa de la creación
de nuevos Estados independientes, como ha ocurrido
con el desmembramiento de la Unión Soviética; los
proyectos unilaterales de desarrollo, por ejemplo,
la construcción de presas en cuencas donde no
existen acuerdos jurídicos bilaterales ni
estructuras de negociación; y la existencia de un
clima de hostilidad general por cuestiones que no
están directamente relacionadas con el agua. Como bien lo señaló el Director de la UNESCO durante la ceremonia de clausura de la sesión plenaria dedicada al tema “Agua para la paz”, ya “no necesitamos más declaraciones. Ahora, lo que se requiere es actuar”. Y nada mejor, ni más conveniente, que hacerlo de inmediato. |