ACTUALIDAD INTERNACIONAL Y LATINOAMERICANA                  Guillermo Tribín Piedrahita 



MISILES Y BOMBAS DE PRECISION PARA COMENZAR LA GUERRA 

    Los misiles de crucero “Tomahawk” y las bombas de precisión lanzadas por los”aviones fantasmas” F-117A, cruzaron raudos el cielo de Bagdad, que se iluminó y tronó, para dar comienzo a la segunda guerra contra Irak, encabezada por Estados Unidos, cuando en la mayor parte de la tierra aún predominaba la oscuridad. Se volvía a repetir la historia igual que en aquella madrugada del 16 de enero de 1991.  

    Comenzó así, en la madrugada del 20 de marzo, la segunda guerra de Estados Unidos contra ese país del Asia Occidental, denominada operación para “desarmar a Irak y liberar a su pueblo”, que recibió enérgicas condenas, encabezadas por el Papa Juan Pablo II, por considerar que carece “totalmente de legalidad” y que podrá traer “graves consecuencias” para el futuro.  

    Las fuerzas estadounidenses lanzaron este primer ataque contra “blancos militares circunstanciales”, como lo denominó el presidente norteamericano, George Bush, en alocución de cuatro minutos, desde el despacho Oval de la Casa Blanca, y que perseguía acabar con la vida del presidente iraquí, Sadam Husein, quien aparentemente estaba reunido con ministros y altos mandos militares en un reducto fortificado.  

    Estados Unidos anunció que ese primer ataque consiguió “dar en el blanco” y que hay varias personas muertas, de las que se encontraban reunidas con Husein, pero no pudo precisar si este había sido alcanzado y dado de baja, pero un portavoz del Pentágono (ministerio de Defensa) señaló que apenas se tenga “alguna certeza de si está vivo o muerto”, se anunciará oficialmente.  

    Sin embargo, la televisión iraquí Al Bandar, informó que Husein presidió esa reunión con ministros y mandos del ejército, y otros informantes señalaron que “se mostró igual de desafiante que desde el inicio de la crisis”.  

    Por su parte, Florian Westphal, portavoz de la Cruz Roja Internacional, dijo que por informaciones obtenidas a través del “personal médico de dos hospitales de Bagdad” se sabe que durante el ataque se registraron un muerto y catorce heridos, nueve de ellos que están en “estado grave” y fueron intervenidos quirúrgicamente.  

    “Es difícil para nosotros precisar el estado en que se encontraban esas personas en el momento de surgir los ataques”, afirmó Westphal, mientras Estados Unidos o Gran Bretaña no informaron de incidencias relacionadas con el número de muertos o heridos.  

    Estados Unidos, junto con Gran Bretaña y España, dio un ultimátum a Irak para “desarmarse o para que Sadam Husein renunciase al poder y dejara el país” el pasado 17 de marzo durante una “cumbre” en las Islas Azores, y al vencerse éste, en la madrugada del 20 de marzo, Bush dio la orden para iniciar los ataques, del que “no esperamos otro resultado que la victoria”.  

    El ataque, informaron fuentes militares estadounidenses, se realizó con una cantidad de misiles de crucero –entre 24 y 40- y los aviones F-117A, capaces de evadir los radares enemigos, aunque Irak se defendió disparando sus baterías antiaéreas, pero a la vez, atacando a Kuwait, con el lanzamiento de misiles Al Samud 2, prohibidos por la ONU, según denunció el gobierno del pequeño estado del Asia Occidental. También aviones de Estados Unidos y Gran Bretaña lanzaron ataques sobre objetivos militares en el sur de Irak, con el objeto de superar “cualquier obstáculo” para un avance por tierra de las tropas.  

    Con estos primeros ataques, Estados Unidos busca “impactar y aterrorizar” al régimen iraquí, al tiempo que desde “el cielo” caen también octavillas instando a los soldados a no ofrecer resistencia, a no emplear armas de destrucción masiva y a no destruir los pozos de petróleo del país. Al menos, seis docenas de soldados iraquíes habían atendido esas peticiones desertando y huyendo hacia Kuwait.  

    El presidente Bush, al contrario de lo que había afirmado en anteriores días, anunció que la guerra “puede ser más complicada y larga de lo que algunos predicen”, aclarando que la “única forma de limitar su duración es llevar a cabo la operación de forma contundente”.  

    El 71 por ciento de los estadounidenses apoyan la guerra contra Irak, según un sondeo publicado por el diario “The Washington Post” y el 64 por ciento aprueba la forma como Bush está manejando la confrontación. La semana pasada el mandatario contaba con el apoyo del 59 por ciento y con la del 55 por ciento, respectivamente. Es decir, que en una semana, los índices han aumentado en su favor.  

    La Organización de las Naciones Unidas (ONU), –que ha quedó mucho más debilitada tras el inicio de la confrontación bélica-, recordó a Estados Unidos y Gran Bretaña  “su deber de salvaguardar a los civiles iraquíes” y empezó una reunión para acordar el papel que deberá desempeñar ante la “crisis humanitaria” que generará la guerra.  

    El Papa Juan Pablo II, encabezó las condenas a la guerra y en el mismo momento en que ésta comenzó, oró por la paz y por el pueblo iraquí y pidió su inmediata finalización. El cardenal Roberto Tucci, uno de los consejeros del Pontífice, declaró a Radio Vaticano que “esta guerra carece totalmente de legalidad, legitimidad y legitimación internacional”, mientras el presidente ruso, Vladimir Putin, señaló que “la intervención militar en Irak es contraria a la opinión internacional y contradice los principios y las normas del derecho internacional y de la Carta de la ONU”.  

    También el presidente francés, Jacques Chirac, vaticinó que la “acción de Estados Unidos tendrá graves consecuencias en el futuro” y el gobierno alemán expresó que “la guerra es la peor de las soluciones”, mientras que los presidentes de México, Vicente Fox, Brasil, Luiz Inácio da Silva (Lula) y Chile, Ricardo Lagos,  reiteraron que están en contra de la guerra y, por consiguiente de la utilización de la fuerza.  

    El presidente del gobierno español, José María Aznar, en una “declaración institucional”, señaló que en la guerra contra Irak “no hay espacio para la neutralidad o la indiferencia” y manifestó que España “está actuando dentro de la legalidad internacional” al otorgar su apoyo a Estados Unidos. También expresó la “solidaridad y el compromiso del gobierno contra el terrorismo y contra los Estados que no respetan la legalidad”.  

    La noche del 20 de marzo volvió a ser un escenario de “fuegos reales” y, al menos, tres misiles impactaron contra la fachada del ministerio de Información iraquí, uno de los objetivos militares de Estados Unidos y Gran Bretaña en su segunda  acción bélica. La ciudad nuevamente vivió horas de inquietud, mientras la caída de bombas y misiles volvía a causar un “ruido ensordecedor” y se apreciaba que con su intensificación, se buscaba impedir cualquier reacción militar importante del gobierno que preside Sadam Husein.  

    Bagdad cada vez estaba más desierta y sus habitantes se refugiaban en casas y lugares escogidos tras haberse abastecido de alimentos, dispuestos a resistir el mayor tiempo posible los ataques de una guerra que se sabe como empezó, pero no cómo terminará y cuánto tiempo durará.

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