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ACTUALIDAD INTERNACIONAL Y LATINOAMERICANA Guillermo Tribín Piedrahita |
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PAISES BOLIVARIANOS FORTALECEN LUCHA CONTRA NARCOTERRORISMO
Los países
bolivarianos –Bolivia, Colombia, Ecuador, Panamá
y Perú- y los delegados de otros países acordaron
fortalecer su
lucha contra el narcoterrorismo, durante una reunión
celebrada en Bogotá, y en la que adquirieron ese
compromiso en una Declaración de ocho puntos.
A la
reunión asistieron observadores de Estados Unidos y
de la Comunidad Europea (CE), para otorgar su
respaldo a los países firmantes y prestarles en el
futuro toda la indispensable colaboración para que
esa lucha obtenga “positivos resultados” y poder
acabar, en el menor tiempo posible, con ese “doble
flagelo” que amenaza a toda la humanidad.
Dentro
de los compromisos adquiridos, los países firmantes
señalaron su compromiso para cumplir con las
disposiciones que contra el terrorismo han aprobado
el Consejo de Seguridad de la Organización de las
Naciones Unidas (ONU) y el Consejo Permanente de la
Organización de los Estados Americanos (OEA).
El
Documento consagra que los países que lo suscriben
acordaron “iniciativas con el fin de enfrentar los
desafíos que genera el terrorismo y la creciente
conexión que existe entre este flagelo y la
delincuencia transnacional organizada”, al igual
que lucharán activamente contra el lavado de
activos, el tráfico de armas y la circulación ilícita
de otros materiales letales.
El
enorme e ilícito negocio del tráfico de drogas,
que tiene a Colombia, Brasil y México como sus
principales autores, ha encontrado el apoyo de los
terroristas que lo vieron como una “fuente
especial de ingresos” y así unos y otros “andan
de la mano” exportando estupefacientes y
cometiendo atentados, crímenes y secuestros.
Aunque
campesinos e indígenas de Bolivia y Perú tenían
en el sembrado de la hoja de coca “enormes
ingresos” por la venta que hacían de ella a los
países productores –Colombia y México,
especialmente, que la transformaban en cocaína-,
los fueron perdiendo porque dejaron de ser los
“principales vendedores”.
Colombia
y México resolvieron, a través de sus “poderosas
mafias”, convertirse también en “productores de
la hoja de coca” y aprovecharon enormes
extensiones de tierra y la precariedad económica de
grandes y marginadas poblaciones, para introducirlas
en su ilícito negocio. Pero, además, con los
enormes ingresos de dinero –que lavan con la
colaboración de decenas de bancos y organismos económicos
del mundo- pueden comprar sin problemas los
precursores químicos que son indispensables para la
producción del estupefaciente y las más modernas
armas para sus atentados.
Son los
países desarrollados los principales vendedores de
esos precursores químicos y armamentos,
especialmente Estados Unidos y varios países de la
Unión Europea. De ahí la importancia sobre su
participación en la reunión de Bogotá y el apoyo
otorgado en la lucha contra esas bandas criminales
organizadas. Falta ver ahora, si en la práctica,
esa colaboración es sincera.
Recientemente
en Perú, campesinos e indígenas productores de la
hoja de coca, llevaron a cabo una huelga que resultó
accidentada y violenta, para protestar por el
compromiso que adquirió el gobierno de su país con
el de Estados Unidos para adelantar una campaña de
sustitución de cultivos que acabe con la producción
de esa indispensable materia prima para la elaboración
de la cocaína.
Los
firmantes de la Declaración de Bogotá anunciaron
que promoverán el enfrentamiento eficaz del
problema de las drogas y sus delitos conexos
fundamentados en los instrumentos internacionales
vigentes y que coordinarán acciones para “el
control de su producción ilícita, transformación
y tráfico, desvío de precursores químicos”, así
como el “tráfico de armas, lavado de activos y en
la reducción de la demanda”.
Asimismo,
para que la lucha tenga “resultados
beneficiosos” acordaron “coordinar iniciativas
con el fin de enfrentar los desafíos que genera el
terrorismo” como una forma de evitar que este siga
“metido de lleno” en la producción y venta de
drogas.
Para
ello anunciaron que “se concentrarán en el
control de sus fuentes de financiación,
aprovisionamiento logístico y búsqueda de apoyo
para sus acciones”.
En la
Declaración se incluyó la promoción en la
Comunidad Andina de Naciones (CAN) y en el Mercado
Común del Sur (MERCOSUR) de los esfuerzos
necesarios para “unificar los listados de
sustancias químicas controladas, estupefacientes, sicotrópicos
y precursores”.
La
ministra de Relaciones Exteriores de Colombia,
Carolina Barco, al referirse a la reunión y sus
resultados, expresó que fueron “buenos y muy
satisfactorios”, porque “acordamos ser efectivos
en cerrar nuestras fronteras, con información y
trabajo coordinado. Salió un compromiso muy
importante en este sentido”.
Ese
fortalecimiento en la lucha contra el
narcoterrorismo servirá mucho para evitar que
continúe la descoordinación política, al menos en
la zona bolivariana, y que algunos países no se
hayan tomado en serio esa lucha, algunas veces por
afinidades políticas o, en otras, por simpatías
hacia movimientos terroristas, porque esa región
como el resto del mundo están amenazados seriamente
por inescrupulosas mafias y bandas que han hecho del
narcoterrorismo su principal fuente de ingreso. |