ACTUALIDAD INTERNACIONAL Y LATINOAMERICANA       Guillermo Tribín Piedrahita 



BUSH LOGRO LO QUE BUSCABA: UN CONTROL POLITICO TOTAL
 
    El triunfo rotundo e histórico que alcanzó el Partido Republicano de Estados Unidos tiene como autor a un nombre propio, el del presidente George W. Bush, que logró un control político total del parlamento en las elecciones legislativas del 5 de noviembre.
 
    Este "factor Bush", reconocido por sus propios rivales políticos, hizo que el partido republicano, de tendencia conservadora, recuperara la mayoría en el Senado y la Cámara de Representantes, hecho que no ocurría desde 1902, con lo cual el actual mandatario de la única potencia mundial prepara ya el camino para su reelección dentro de dos años.
 
    Desde ese año, nunca un presidente republicano lograba, en la mitad de su mandato, obtener esas "preciosas cifras", ni convocar a un amplio porcentaje de votantes para las elecciones legislativas. Aproximadamente el 37 por ciento de los electores convocados concurrió a los comicios, informó el director del Comité para el estudio del Electoradp Estadounidense, Curtis Gans.
 
    En Estados Unidos existen 157 millones -de una población aproximada de 289 millones de habitantes- que están registradas para ejercer el voto, lo cual significa que con ese 37 por ciento de sufragantes se incrementó en un 1.7 por ciento la cifra de mitad de las elecciones de 1998 que fue del 35.3 por ciento.   
 
    En las filas políticas rivales, la misma circunstancia de copar las dos cámaras parlamentarias con la mayoría absoluta, se logró hace 68 años, cuando el presidente Franklin Delano Roosevelt, en 1934 obtuvo y, coincidencialmente por su alto prestigio y empeño, otro triunfo memorable.
 
    Bush, con esta victoria, podrá ahora desarrollar sin cortapisas su programa, porque se ha convertido en un "lider indiscutible" y por eso los electores resolvieron darle un "cheque en blanco" que, entre otras cosas, le permitirá adelantar con más eficacia su lucha contra el terrorismo, recuperar la buena marcha de la economía, rebajar los impuestos y otras alternativas que ofreció hace dos años a sus compatriotas y que por los impedimentos en el Congreso, con minoría en el Senado, tuvo que ver aplazados.
 
    Los republicanos recuperaron su poder en el Senado con un total de 51 escaños, aumentando en dos la cifra, y con posibilidad de alcanzar otro por la doble vuelta electoral en el estado de Louisiana que se celebrará el 7 de diciembre, mientras en la Cámara de Representantes sus 227 curules le otorgan una cómoda ventaja.
 
    El Partido Demócrata tuvo una doble derrota: la primera, al no contar con el apoyo mayoritario de los estadounidenses, y la segunda al tener que reconocer que fue el mismísimo Bush el autor de su descalabro.
 
    "Hicimos una buena campaña, con lo mejor que teníamos. Pero la popularidad del presidente es muy grande y eso, indudablemente, pesó dentro del electorado", afirmó el presidente del Partido demócrata, Terry McAuliffe.
 
    La participación directa en 67 actos electorales y la ayuda para buscar fondos (más de 180 millones de dólares) destinados a la vital campaña, permitieron a Bush obtener esta victoria y, de paso, convertirse en un "lider indiscutible".
 
   "El presidente fue un factor determinante en estas elecciones. Su campaña de último momento inclinó la balanza en muchos estados indecisos y demostró, de paso, que está lejos de ser ese mandatario que llegó a la Casa Blanca perdiendo el voto popular y por escasos 500 votos de diferencia", dijo el analista Jeff Greenberg.
 
    No hay duda también que Bush con este triunfo alcanzó una aprobación en su política exterior que como horizonte más cercano tiene la lucha sin tregua contra el terrorismo internacional, propugnada con rotundidad desde el sangriento atentado del 11 de septiembre de 2001 contra las Torres Gemelas de Nueva York, una posible guerra contra Irak y las gestiones para alcanzar un desarme nuclear en Corea del Norte.
 
    Para redondear su triunfo, Bush y de paso su familia, lograron en el vital e importante estado de Florida otra victoria muy especial. La de Jeb Bush, reelegido gobernador.
 
    La siempre inocultable pregunta de si Bush contaba con el apoyo mayoritario de los ciudadanos fue respondida afirmativamente. Como lo dijo el columnista de The Washington Post y analista de la cadena de televisión CNN Robert Novak, "los estadounidenses hicieron sentir su voz y dijeron que la seguridad y la defensa nacional son la prioridad, que respaldan al presidente cuando pone este tema en primera línea, aunque eso implique sacrificios en otras áreas".
 
    Con todo el poder en sus manos -que antes de las elecciones estaban un poco atadas- Bush tiene ahora despejado el camino para llevar adelante su programa. Ahora le tocar hablar junto con su mayoría parlamentaria. 
 
    Bush dio, además, un buen ejemplo, al no "hacer leña del árbol caido". No pronunció discursos ni atacó a sus derrotados rivales.  Supo contenerse en la alegría porque se trataba de "una cuestión de discreción y elegancia", como lo reconoció su portavoz, Ari Fleischer.
 
    El presidente ha quedo convertido en un "hombre poderoso" de la única potencia mundial, pero así como supo recibir con "discreción y elegancia" su victoria, debe ahora que la tiene, extender esas dos conductas a sus próximas actuaciones, ya que el mundo está pendiente de la forma como la administrará y a que no gobernará con soberbia ni altivez. Una conducta así podrá también garantizarle su reelección en el año 2004.

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