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ACTUALIDAD INTERNACIONAL Y LATINOAMERICANA Guillermo Tribín Piedrahita |
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No hay mes en que el presidente venezolano,
Hugo Chávez Frías, no le busque “pelea” a
Estados Unidos, y ahora le correspondió el turno a
la Consejera de Seguridad, Condoleeza Rice, a quien
en un lenguaje impropio de un mandatario, calificó
de “analfabeta”, durante un acto oficial
celebrado en Caracas el 10 de enero de 2004.
Acosado por una cada vez más amplia crisis
política, económica y social, Chávez no soporta
que nadie se refiera a su gobierno (“mal y
dictatorial gobierno”, dicen sus oponentes de la
Coordinadora Democrática), y a quien lo hace lo
descalifica siempre con palabras soeces o
mal sonantes.
El pasado 6 de enero, desde Washington, Rice
acusó a Chávez de “no estar jugando un papel
constructivo en la región”, y se refirió al
apoyo que está dando a otro de los regímenes
dictatoriales, el presidido por su “íntimo
amigo” Fidel Castro, en Cuba, y al encarar los
problemas bilaterales con Colombia por el apoyo que
otorga, cada vez más público, a las bandas
terroristas Fuerzas Armadas Revolucionarias de
Colombia (Farc) y Ejército de Liberación Nacional
(ELN), a cuyos siniestros y asesinos jefes ha
protegido y respaldado en varias ocasiones.
Chávez, además de calificarla de
“analfabeta”, dijo que ante esa referencia de
Rice, la consejera estadounidense “disparó su
artillería indigna contra nuestro pueblo, diciendo
que Chávez no debe oponerse al referéndum
revocatorio”.
Precisamente, durante este mes, el Consejo
Nacional Electoral (CNE) de Venezuela, deberá
convocar a la cita electoral para conocer si
a través de ella se quita el poder a Chávez, como
lo ordena la Constitución, tras haberse cumplido la
mitad del mandato (el pasado 19 de agosto de 2003),
luego que compruebe la existencia de no menos de 2.4
millones de firmas solicitando la revocatoria y que
fueron suscritas entre el 28 de noviembre y el
primero de diciembre del año pasado alcanzando a más
de 2.6 millones de personas, según la opositora
Coordinadora Democrática (CD).
El pasado 7 de septiembre, Chávez había
vuelto a “cargar su artillería verbal”, como lo
hizo a lo largo de los dos últimos años, y en su
kilométrico programa radiotelevisado “Aló,
Presidente”, acusó a Estados Unidos de “estar
metiendo las manos en Venezuela”, asunto que, dijo
“este gobierno no lo va a aceptar”, solamente
porque el embajador de ese país en Caracas, Charles
Shapiro, había sido recibido por los cinco miembros
del CNE que estaban, en esa fecha, recién nombrados
por el Parlamento.
En esa ocasión, el vicepresidente
venezolano, José Vicente Rangel, también pidió el
cese del embajador Shapiro, lo que reiteró Chávez,
quien, a su vez, dijo que “me olió muy mal que
fuese recibido por el CNE” y furioso porque el
diplomático concedió una rueda de prensa en el
despacho del Consejo, cuando a juicio del mandatario
“lo debió hacer en la embajada”.
“¿Qué tiene usted que ver con el referéndum?
Eso sólo nos concierne a los venezolanos y a mí me
importa un comino la calificación que me den allá”,
dijo el 10 de enero el presidente al atacar a Rice.
Sin embargo, como dijeron miembros de la CD
“sí le importó, y mucho, que se le pidiera por
parte de Rice colaboración y no obstrucción a la
celebración de una convocatoria electoral que “va
a perder con absoluta seguridad porque el pueblo
venezolano está harto de sus bravuconadas, su
incapacidad intelectual y mental y su
desgobierno”.
El acto oficial lo aprovechó Chávez para
pedir a su “amigo íntimo” Fidel Castro que le
envíe a Rice los libros del plan de
alfabetización “Misión Robinson” que
impulsa su gobierno con el apoyo del cubano “pare
ver si (Rice) aprende a respetar la dignidad de los
pueblos y aprende un poco sobre nosotros”.
También arremetió, con anticipación de
tres días, contra el gobierno estadounidense al que
acusó de “propiciar el fracaso de la Cumbre de
las Américas (que se celebró entre el 12 y el 13
en la ciudad mexicana de Monterrey), porque a su
juicio habían “comenzado a disparar todos los cañones
de manera irracional contra los gobiernos de quienes
consideran vecinos”.
(Precisamente, desde Monterrey se informó
oficialmente el 11 de enero que el comunicado final
para ser firmado por los 34 Jefes de Estado y de
Gobierno asistentes a la reunión no pudo terminarse
de redactar por los respectivos asesores porque
Venezuela y Brasil se habían opuesto a dos de sus
artículos y tenía que existir consenso), por lo
que serían los mandatarios quienes deberían
acordar, finalmente, el documento.
Chávez y Bush se vieron las caras en
Monterrey durante la Cumbre de las Américas, de la
que estuvo ausente Cuba, porque desde 1963 no forma
parte del Sistema Interamericano, debido a su régimen
dictatorial, lo que obligó a la Organización de
Estados Americanos (OEA), a expulsarle de su seno.
Sin “tener arte ni parte”, según señalaron
voceros de la CD, Chávez se refirió a problemas
que aparentemente han surgido con el gobierno
argentino presidido por Néstor Kirchner, cuando
Roger Noriega, representante estadounidense para América
Latina, criticó a Argentina por sus “coqueteos
amorosos” con el régimen de Castro y también
manifestó preocupación porque Venezuela financie
con el “dinero del petróleo a Cuba y al
movimiento cocalero de Bolivia”, que dirige el
anarquista Ivo Morales.
“Deben aceptar que en este continente se
acabó el tiempo aquel de los gobiernos cobardes
subordinados a Estados Unidos”, afirmó también
Chávez, quien negó que su país y Cuba hubiesen
“financiado” el movimiento anarquista que,
convertido en revuelta violenta, obligó al
presidente boliviano, Gonzalo Sánchez de Lozada, a
dimitir de su cargo el 17 de octubre del año
pasado.
La arremetida presidencial contra Estados
Unidos la continuaron el vicepresidente Rangel y el
ministro de Relaciones Exteriores (Canciller), Roy
Charderton, que se lanzaron “lanza en ristre”
contra Condoleeza Rice y el gobierno presidido por
George Bush.
A juicio de Rangel, Estados Unidos “tiene
un enfoque obsoleto” sobre América Latina” y
cargó contra los “asesores con una mínima
capacidad de análisis y de información sobre las
nuevas realidades” de la región, al tiempo que
dijo no tener claro si las declaraciones de Rice
“tienen la plena autorización del gobierno o
responden a instrucciones de la disidencia cubana
que actúa en Miami como grupo de presión”.
Charderton acusó a Rice de “utilizar un
lenguaje severo y acusatorio contra el derrocado
presidente de Venezuela, cuyo apoyo popular había
sido demostrado en siete elecciones sucesivas”. Se
refería al derrocamiento de Chávez, durante 48
horas, entre el 11 y 12 de abril de 2002, fecha en
la que se incrementaron, por un lado, la intensa
crisis socio-económica y política que sufre
Venezuela y, por otro, los enfrentamientos dialécticos
ofensivos del presidente y sus ministros al
considerar que Estados Unidos tuvo influencia en el
fracasado golpe de estado.
La oposición venezolana
señaló que la “vocinglería que utilizan
el dictador Chávez y sus bufones continuará no sólo
contra Estados Unidos sino contra cualquier país
que se oponga a su ineficaz manera de gobernar y a
que siga existiendo la corrupción generalizada que
vive este país”.
“Pero, lo más interesante de todos es ver
a un burro disparándole a las escopetas. Un
analfabeta y descerebrado como Chávez, acusando de
analfabetismo a una Consejera de Estados Unidos que
le da más de mil vueltas en educación, expresión
del lenguaje y en actitudes democráticas. Pero eso
se acabará cuando el CNE convoque el referendo para
echar del poder a este corrupto”, dijeron voceros
de la CD, en Caracas. |