PRIMOGENITURA

Primo significa primero. La primogenitura es el derecho privilegiadísimo que tiene el primer hijo sobre los demás, siendo el fundamento de este derecho el haber nacido primero. Afinando aún más, el primogénito no es el primer nacido, sino el primer engendrado (génitus). Es decir que el transmisor del derecho es el padre que engendra, no la madre que pare. El derecho de primogenitura es un arcaísmo. En la naturaleza, la prioridad no constituye ningún derecho.

Los nacionalistas fundamentan sus derecho preferente sobre el territorio, en el hecho de que han nacido en él "antes que" los demás que viven en él. Filosofía fina y sutil; es la que usan los niños en sus juegos y riñas. Esto es como volver en derecho a la ley del talión o en política al derecho de conquista. Es desconocer el hoy y negarle todo valor, para argumentar con el ayer. Un ayer que nunca es absoluto. Para Israel el ayer se remonta a 2.000 años. Para los palestinos que contraatacan, el ayer se remonta a 2.600 años. Para los servios el ayer sobre el que asientan su guerra santa se remonta a 700 años. Y es en nombre de uno de los infinitos puntos del ayer en lo que basa cada uno su desastre de hoy.

Nuestra civilización estuvo muchos siglos anclada en el derecho de primogenitura, que no es más que puro convencionalismo por el que saltando por encima de los hechos se establecen unos derechos absolutamente arbitrarios en favor de uno solo de los hijos a costa de los demás. Eran los tiempos en que valían más las tierras que las personas y se sacrificaban éstas a las tierras, empezando por los propios padres que, por mantener unida la heredad, se la transmitían íntegra a uno de los hijos, mientras los demás tenían que dejar en ella su trabajo hasta que se emancipasen. La condición de los segundones era peor que la de los siervos de la gleva, y se mantuvo durante unos cuantos siglos más, y con mayor dureza. Ni que decir tiene que el ambiente que creó en el seno de las familias no es para contarlo. Los celos y los odios que generaba el primogénito en los demás hermanos, tenían tintes épicos. El despotismo que podía llegar a ejercer el primogénito sobre los segundones, era brutal. La historia se cuidó de demostrar que la institución de la primogenitura fue una rémora para el desarrollo de las familias y de los pueblos, y que fue la mayor fuente de enfrentamientos y conflictos. Nuestra civilización tuvo que evolucionar inexorablemente hacia otras fuentes de derecho, basadas en la igualdad primero de los hermanos entre sí, y luego de los pueblos. El privilegio por haber nacido antes, o por haber llegado antes, era tan conflictivo y a la vez tan paralizador, y por otra parte tan contrario a la equidad y al sentido común, que la historia ha acabado arrinconándolo como una antigualla.

Por eso cuesta entender que los nacionalistas cuestionen los derechos culturales y civiles de los demás pueblos que viven en sus territorios con el pretexto de que al haber llegado antes tienen sobre ellos derecho de primogenitura, que comprende el de exprimir a los segundones mientras les convenga y luego echarlos.

Mariano Arnal

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