Del latín Prudentius, derivado de prudentem,
que expresa la idea de prudencia. Es una reducción de providentia (providencia).
Palabra compuesta de pro más videre, "mirar por". Ha sido siempre
un nombre selecto y apreciado.
San Prudencio obispo de Tarazona, se cree que nació en
esta ciudad hacia el 720. A la edad de 15 años decidió abandonar la casa paterna y
retirarse a orar en soledad. Coincidió con un ermitaño llamado Saturio, bajo cuya
dirección espiritual estuvo siete años. Dejó la soledad para ir a predicar el Evangelio
a Calahorra. Allí convirtió a muchos paganos que aún había, gracias sobre todo al don
de curar las enfermedades del alma y del cuerpo, por lo que adquirió gran fama. Por huir
de ésta, pasó a Tarazona, donde se distinguió por su ejemplarísima vida. Se puso desde
el primer día al servicio de la Iglesia, donde ejerció primero de sacristán, luego
recibió las sagradas órdenes y más adelante fue nombrado arcediano. En esa
responsabilidad se mantuvo hasta que, habiendo muerto el obispo, clero y fieles le rogaron
que quisiera ser el sucesor en la silla episcopal. Accedió el santo varón y fue
consagrado obispo. Hubo de intervenir en el Burgo de Osma para restablecer las relaciones
pacíficas entre el obispo de esa ciudad y sus canónigos, cosa que consiguió a plena
satisfacción de ambas partes. Cuando estaba dispuesto a volver a su tierra, fue víctima
de una grave enfermedad que acabó con él. Al haber muerto fuera de su diócesis, su
cuerpo fue trasladado por un carro de mulas. Al llegar a seis leguas de la ciudad, no hubo
fuerza humana capaz de hacer avanzar más el carro en que eran trasladados los restos
mortales del santo obispo. Allí mismo se edificó un gran monasterio.
Los Prudencios celebran su onomástica el 28 de abril
principalmente. Otros santos del mismo nombre se celebran los días 1 y 29 de este mismo
mes y el 6 de octubre.
El gran poeta hispanolatino Prudencio Clemente (Aurelio)
nació el año 348 en Calahorra (Logroño) según unos, y en Zaragoza según otros. Alto
funcionario del imperio, fue sucesivamente gobernador de una de sus provincias y ocupó en
Roma el cargo de praefectus praetorio en tiempo de Teodosio. A los 57 años se
retiró a un monasterio, en España, donde murió poco después, alrededor del 410. Debe
su celebridad a la importante obra poética que nos legó, escrita en latín con títulos
en griego. El Cathemerinon liber (Libro de los himnos) en que escribe 12 himnos
para las diferentes horas del día y para algunas celebraciones. El Hamartigenia
(Origen del pecado), el Contra Symmachum, el Psychomachia (Combate del
alma), uno de los más leídos en la Edad Media. Pero es el Peristephanon (Libro de
las coronas) el que le mereció mayor prestigio. Es una colección de himnos bellísimos a
algunos santos, varios de ellos españoles, que nos aportan además valiosa información.
Por el gran poeta, por el santo obispo de Tarazona y por su noble
significado, bien pueden los Prudencios sentirse orgullosos de su nombre. ¡Felicidades!