JORGE

Del griego ghorgoV (georgós), que significa "trabajador de la tierra". Gh (ge) es la tierra, y ergon(érgon), trabajo. Giorgio, Georg, Jordi, son diferentes formas que ha ido teniendo este nombre en diversas lenguas. Figura entre los que más se han prodigado a lo largo de los siglos, tanto en la parte oriental y eslava de nuestra área cultural como en la parte latina y anglogermánica.

San Jorge megalomártir, que así es como lo llama la Iglesia Oriental de la que es originario, desde los inicios de su culto, del que se empiezan a tener referencias hacia el siglo V, es un auténtico mito. En el momento en que se escribían las Actas más antiguas del santo, éste ya había sido exaltado por la leyenda, de manera que los datos históricos están envueltos en ella. Según ésta, su martirio fue cruelísimo pero envuelto en prodigios. Parece que fue martirizado en Lydda, la Dióspolis de los grecorromanos, porque allí se levantó, en tiempos de Justiniano, una basílica sobre su sepulcro, que llegó a ser uno de los grandes centros de peregrinación de la cristiandad. San Jorge fue invencible no sólo en sus gestas, sino también en el martirio, lo que despertó una gran admiración y una profunda devoción en los guerreros de la Edad Media, que se encomendaban a él cuando salían a la guerra. Fue el santo popular por excelencia.

En san Jorge, nombre y figura llevan cargas culturales que a pesar de parecer divergentes, necesitan convivir y complementarse. En el nombre se honra y se mitifica la figura del agricultor como fundamento de la sociedad medieval. En el caballero armado, perseguidor de malhechores, libertador de princesas cautivas y vencedor del dragón, se exalta la figura del guerrero. En san Jorge convergen el trabajador de la tierra y el defensor de la tierra y de sus gentes. San Jorge ha sido el catalizador de los ideales de muchos pueblos y naciones que lo han adoptado como santo Patrón y han hecho girar en torno a él sus mejores leyendas. Es tan profundo y tan ancestral lo que representa, que ha superado la dimensión humana para convertirse en mito. Ninguno de los San Jorge que nombra el santoral se ajusta al auténtico San Jorge, porque el más auténtico de todos, el san Jorge que con más devoción veneramos, es el del mito. Como tiene que ser. Un san Jorge amasado de tierra y forjado con su armadura. Un san Jorge que de la tierra donde derramó sangre enemiga, hace brotar rosas.

Con san Jorge, Cataluña, Aragón y cuantos pueblos se han puesto bajo su patrocinio, están en comunión cultural con infinidad de pueblos tanto de nuestro oriente como de nuestro occidente, que lo tienen como patrón. Con su nombre se honran ciudades y pueblos, reyes y príncipes, gobernantes y gobernados. Entre todos lo han ido haciendo cada vez más grande, cada vez con mayor carga de valores. Por eso se sienten legítimamente orgullosos de él cuantos lo llevan. ¡Felicidades!

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