LUCIO

Es un prenombre romano, muy frecuente en la época clásica, tanto en su forma masculina (Lucio) como en su forma femenina (Lucía). Está emparentado con la palabra latina lucem, que significa luz y que instintivamente relacionamos con el verbo lucir. Es posible que esta tan fácil asignación de significado haya sido decisiva para que se haya asociado a Santa Lucía con la vista y se le hayan añadido unos ojos que no le corresponden por su biografía. Nuestro referente más familiar es el filósofo cordobés Lucio Anneo Séneca. El que este nombre fue en tiempos un clásico, se evidencia en el hecho de que llegan casi a la treintena los santos que así se llamaron.

San Lucio es, según una antiquísima tradición, el primero de los reyes de Inglaterra que abrazó el cristianismo, en tiempos del papa Eleuterio (170-185). El martirologio romano y el Liber Pontificalis concuerdan en ello y designan a los santos Fugacio y Damián como los misioneros apostólicos que llevaron la fe de Cristo a Inglaterra y convirtieron a Lucio. La versión histórica nos dice que Lucio era el jefe militar de uno de los pequeños Estados en que estaba dividida entonces Gran Bretaña. La tradición señala como causa de su conversión, el milagro de la legión fulminante (la legión Melitina, en tiempo de Marco Aurelio, compuesta toda ella de cristianos. En su expedición contra los sármatas salvó al ejército de morir de sed, atrayendo sobre ellos una lluvia providencial, al tiempo que caía sobre los enemigos una granizada y una tormenta de rayos que los derrotó). Aprovechando Lucio las relaciones políticas con el imperio romano, al que debía su familia el poder, se dirigió a Roma para conocer la floreciente iglesia cristiana de la capital. Vuelve la tradición a completar su vida,situándolo en Coira (Suiza), donde hay un monte y una cueva dedicados a su nombre porque se cree que allí vivió retirado algún tiempo. Su vida terminó con el martirio: fue preso y decapitado en la fortaleza de Martiola. Sus reliquias se conservan en Augsburgo.

San Lucio I, papa nació en Roma, fue elegido papa el año 253 y murió el 254. Un año duró por tanto su pontificado. Sufrió destierro por orden del emperador Galo, que murió a los pocos meses en su lucha contra el general rebelde Emiliano, quien fue asesinado por sus soldados. Le sucedió Valeriano, que en los principios de su reinado se mostró benévolo con los cristianos. San Lucio volvió del destierro y fue recibido en Roma por los cristianos con enorme entusiasmo. Dicen que murió como resultado del quebranto que sufrió con el destierro. Por eso algunos martirologios le dan el título de mártir. Dos papas más llevaron el nombre de Lucio.

Los Lucios celebran su onomástica preferentemente el día de san Lucio rey, el 3 de diciembre, o el de san Luciano papa, el 4 de marzo. Pero son cerca de una treintena los santos de este nombre, y otras tantas las fechas de celebración de esta onomástica, según la tradición de cada familia. Y son muchos los Lucios ilustres, entre los que destacan un emperador y un general romano, y brilla con luz propia nuestro gran Séneca. Es ciertamente un nombre luminoso. ¡Felicidades!

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