TIMÓN

Nombre cuya referencia más antigua la tenemos en Timwn (Tímon; gen. Timónos), un contemporáneo de Sócrates, lo que induce a suponer que es aún mayor su antigüedad. Tiene la forma del participio presente del verbo timaw (timáo), que significa Honrar, apreciar, valorar. Este nombre significa, por tanto, "apreciado", "digno", "altamente valorado" y forma parte de decenas de nombres propios.

San Timón es un mártir cristiano del siglo I. Fue uno de los siete primeros diáconos ordenados por los apóstoles para atender al servicio de los pobres, que requería gran dedicación en los primeros decenios del cristianismo. Después de ocuparse un tiempo con san Esteban protodiácono al ministerio de los pobres, fue enviado a continuar su apostolado primero a Berea y luego a Corinto, donde su vida ejemplar dedicada a ayudar a los más necesitados y su predicación para difundir este espíritu, dio lugar a numerosas conversiones. Tanto los judíos como los griegos estaban celosos del auge que tomaba la nueva religión, por lo que se confabularon para detener a Timón y acabar con él. Haciendo, pues, un simulacro de juicio, lo condenaron a morir en la hoguera. Salió el santo milagrosamente ileso, y como estaban empeñados en deshacerse de él a cualquier precio, lo clavaron en una cruz. Mientras padecía el suplicio, daba gracias a Dios por haberle concedido la gracia de morir como su maestro. Se celebra su fiesta el 19 de abril.

Entre los que han llevado este nombre con mayor gloria, está Timón el silógrafo, así llamado por los Silloi (Sil.lói), una especie de sátiras que le dieron gran celebridad. Natural de Fliasia, en el Peloponeso, vivió en los siglos IV y III a. J.C. Huérfano de padre a muy corta edad, se dedicó a la danza, luego a la filosofía y después a la medicina. Espíritu inquieto, cultivó también la oratoria y realizó numerosos viajes. En Calcedonia empezó a adquirir fama y a ganar dinero. Desde aquí pasó a Egipto, donde fue muy bien recibido en la corte del Faraón. Estuvo luego un tiempo en la corte del rey de Macedonia y finalmente se retiró a Atenas, donde murió a la edad de 90 años. Era un escéptico acabado, por lo que podía criticar a todos los filósofos, aunque prefería atacar a los más dogmáticos: Platón Sócrates y Epicuro. Sostenía que nunca podemos estar seguros de lo que vemos y sentimos, porque nuestros sentidos sólo perciben las apariencias de las cosas. Que la actitud ideal del filósofo era la ataraxia (ataráxia), es decir la impasibilidad, y efectivamente tenía un aplomo y una sangre fría muy poco comunes. Fue, en cierta manera, el padre del racionalismo que tanto peso ha tenido en la filosofía.

Sin relación etimológica con el nombre propio, tenemos timón (del latín temonem) como nombre común, significado e imagen que se asocian inevitablemente al nombre propio. Asociación muy positiva y honrosa, por cuanto el timón, sin necesidad de grandes mecanismos, con un volumen y aspecto modestísimo, es elemento clave en la navegación tanto marítima como aérea. Tanto si se mira, pues, desde su significado griego como desde si significado español, es el de Timón un nombre de muy buen llevar. ¡Felicidades!

Copyrigth EL ALMANAQUE   todos los derechos reservados.