TIBURCIO

Procede del gentilicio romano Tibures, que así eran llamados los habitantes del Tibur, ciudad del Lacio, al NE de Roma y a orillas del Anio. Estaba unida a Roma por la Via Tiburtina y era lugar de recreo donde muchos romanos acomodados habían construido hermosas villas (villae). El poeta Horacio menciona en sus poesías este bello lugar, que conocía muy bien por tener cerca de allí una casa, en el monte Lucretilo, cerca de Tibur. Al crecer Roma, se convirtió en un barrio romano, actualmente el Tivoli, en la colina del mismo nombre. Se convirtió el gentilicio Tiburis en nombre propio al darle la desinencia -tius (Tiburtius) como en Laurentius, Lucretius, Propertius.

San Tiburcio mártir murió el año 232. Era natural de Roma e inseparable de su hermano Valerio. Ambos se habían convertido al cristianismo, que era la forma más audaz de resistencia a un poder cada vez más tiranizante. No se escondían los dos hermanos de su condición de cristianos, antes al contrario, predicaban su fe abiertamente, por lo que no tardó en llegar noticia de su conducta a oídos del prefecto Turcio Almaquio. Éste los hizo conducir a su presencia para amonestarles y reprenderles por lo impropio que era de su condición de nobles, andar haciendo pública ostentación de comulgar con una doctrina propia de esclavos e indigna por tanto de su condición. Respondieron Tiburcio y su hermano, que la condición de patricio romano no valía nada frente a la condición de hijos de Dios que adquirían por ser cristianos. Indignado el prefecto, les hizo azotar cruelmente, por ver si los doblegaba. Y viendo que ni con azotes, ordenó a su mayordomo Máximo que se los llevase de su vista y los ejecutase. Compadecido éste de aquellos dos jóvenes nobles, quiso convencerles de las ventajas de obedecer al prefecto Turcio. Mas no sólo no les convenció, sino que le convencieron ellos a él, por lo que abrazó la fe cristiana con toda su familia. Ejecutados finalmente ante el templo de Júpiter, dijo Máximo que había visto volar sus almas al cielo, por lo que Almaquio le hizo decapitar allí mismo. Por eso la Iglesia conmemora el mismo día 14 de abril el martirio de san Tiburcio, san Valeriano y san Máximo.

Otro San Tiburcio está en el número de los grandes mártires de los primeros tiempos del cristianismo. Era hijo de un romano noble, Agresto Cromacio, que había abrazado la fe de Cristo y en ella había educado a su hijo. Tan intensamente vivía Tiburcio su fe, que aunque era noble, quiso recibir las órdenes de diácono (el diaconado se instituyó especialmente para servir y ayudar a los pobres). Pronto fue tan notoria su labor en Roma, que llegó a oídos de los jueces, quienes después de intentar por todos los medios que volviese en razón, decidieron aplicarle todo género de torturas, pero ni asi le doblegaron, por lo que hicieron que le rematasen decapitándole. Fue el año 286.

Celebran los Tiburcios su onomástica el 14 de abril y el 11 de agosto. Tienen un nombre de origen antiquísimo, ligado a la historia de Roma y dos buenos valedores en el cielo. ¡Felicidades!

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