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EL DÍA DE MARTE
Temas bélicos (el hombre, las fuerzas armadas, el terrorismo, violencia...)

SON LOS OTROS

No son los estados los que tienen necesidad de emigrantes, sino las empresas las que necesitan obreros; y tanto los empresarios como los trabajadores más acomodados, necesitan gente de servicio. Unas y otros cumplirán su deber satisfactoriamente si mantienen unas correctas relaciones laborales y salariales con los trabajadores inmigrados. Pero es evidente que fuera del ámbito laboral existen multitud de circunstancias vitales que es preciso resolver: la vivienda, la sanidad, la enseñanza, la estabilidad social… y que para poder disfrutar de todo esto se necesitan unas estructuras que de entrada se alimentan bastante más de derechos que de deberes (como las pólizas de seguro, que desde el primer momento devengan derechos por los que sólo al cabo de muchos años se habrá cotizado lo suficiente). Para el empresario los inmigrantes no son más que una solución laboral que por inercia tiende a ser más fácil que la autóctona. Para el estado, en cambio, se trata de un problema poblacional que si no se resuelve correctamente, acabará siendo una fuente de problemas, que cuanto más tarden en aparecer, más graves serán. La historia nos ofrece toda clase de muestras, que se sintetizan en dos: los que llegaron a un país que no era el suyo a conquistarlo, y los que fueron llevados como esclavos, o llamados para trabajar. La suerte de los primeros se gira en cuanto pierden la fuerza que los hizo dueños y señores. La de los segundos, tan pronto como dejan de ser necesarios y por ende son percibidos como inoportunos competidores. Es muy cómodo contar con un grueso colchón de inmigrantes en el que se concentran la precariedad y demás problemas originados por los flecos de inestabilidad del sistema. Eso es comerse unos la carne y dejar para los otros los huesos. Eso es jugar por sistema a los unos y los otros, empezando por donde más duele, que es por el estar. De ahí se pasará inexorablemente al ser. Los que están de manera diferente, acaban siendo diferentes; con mayor razón si arrancan de evidentes diferencias de partida. Los inmigrantes son en principio contingentes de mano de obra, y como tales son tratados tanto por las empresas como por los estados. Unas veces con mayor disimulo, y otras sin tapujos. Los nombres que les damos y el tratamiento que de ellos hacemos, nos delatan. No son nosotros, eso está claro: son otros, son los otros. Y es tan necesaria la presencia de los otros sobre todo cuando hay que superar complejos… Sinn Fein, que dicen los nacionalistas irlandeses. "Nosotros Solos". Para llegar ahí es preciso que estén los otros. En este caso fueron de conquistadores. No los de hoy claro está, sino sus architatarabuelos de siglos pretéritos (que eso se suele olvidar). En otros casos los llamaron para levantar el país. Y ahora, como se les ha ocurrido creerse copropietarios del mismo, y se han irrogado hasta derechos políticos (se creen que tienen derecho de votar y todo, cuando ese derecho sagrado corresponde sólo a los de la tierra de toda la vida); ahora han decidido que si no aceptan el estatuto de extranjeros serán expulsados y sustituidos por otros extranjeros menos exigentes. Eso es lo que pasa cuando la población se distingue en "nosotros" y "los otros", cuando se plantean problemas de identidad. Se distingue de lejos quién forma parte de esa sagrada identidad y quiénes vienen de fuera, quiénes son los otros.

EL ALMANAQUE vuelve sobre la extranjería. Al fin y al cabo se trata de crear leyes barrera que consagren las barreras objetivas.