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ARTICULOS
EL DÍA DE MARTE
Temas bélicos (el hombre, las fuerzas armadas, el terrorismo, violencia...)

EL BUEN NOMBRE

Es una expresión, pero de rigurosa exactitud. Las acciones de cada uno hacen que el nombre que a ellas se asocia suene bien o suene mal. Y esto ocurre tanto con los nombres de las personas como con los nombres de los pueblos y de las colectividades. En español se usa gitano, gitanería, gitanear con valores despectivos porque los gitanos se han hecho un mal nombre que en este caso ha entrado hasta en los diccionarios. Lo mismo ocurre con los judíos: hacerle a uno una judiada es hacerle cualquier maldad de gran calibre. Es mucha historia la que hay acumulada en la carga negativa de estas palabras. Y no digamos Judas, que ya puede haber un san Judas Tadeo y todos los Judas buenos que se quiera, que nunca lavarán el nombre de Judas el Traidor, y por eso un judas siempre será un judas. Hasta Barrabás, con tener mal nombre, no lo tiene tan malo como Judas: "Es de la piel de Barrabás", se dice de los niños traviesos pero sin maldad. ¡Y qué decir de Lucifer, el resplandeciente, el luminoso, el portador de la luz, el mismísimo lucero del alba, que esos son los significados de este bellísimo nombre. ¡Pero cualquiera bautiza con él a un hijo suyo! Es que el soberbio Lucifer se hizo un mal nombre, sublevándose contra Dios; lo manchó con esa sola mala acción, y ya no tiene manera de lavarlo. Y Jaimito en el mundo del chiste tiene hecho su nombre, y Lepe y los leperos el suyo, y Bilbao y los bilbaínos el suyo. A la hora de simplificar conceptos, calificamos a los pueblos por las características de sus habitantes que más nos llaman la atención: así decimos de los andaluces que son graciosos, de los catalanes que son tacaños, de los gallegos que son desconfiados, de los madrileños que son chulos… apelativos todos ellos inofensivos. Y de entrada nos empeñamos en ver así caracterizadas a las personas de esas procedencias. Muchas veces las caracterizaciones están muy alejadas de la realidad dominante de las gentes, pero la opinión sobre alguien no se construye a partir de sus más notables cualidades, sino a partir de las que más chocantes nos resultan. Por eso, porque es así como funcionan la buena y la mala fama, el presidente de la autonomía vasca, Ibarretxe, entre las cosas que lamentaba en relación con el último atentado de Eta, mencionó el mal nombre que las acciones terroristas le están dando al pueblo vasco. "Eta está manchando con sus crímenes el buen nombre del pueblo vasco", decía literalmente. Y tiene toda la razón. A causa de la nueva fórmula terrorista (seguimos en la operación Chechenia), que intenta ampliar y generalizar al máximo el terror en los habitantes del "país opresor de sus libertades", es inevitable que se desate en toda España una psicosis de prevención y desconfianza ante cualquier vasco desconocido; es comprensible que el instinto de defensa asocie los términos vasco, terrorismo y totalitarismo. Y eso a la larga es muy grave. No debiéramos permitir que ocurriese tal cosa, porque es luego muy costoso recuperar el buen nombre. Y también está manchando y haciendo odiosa la libertad que lleva en su nombre: Euskadi Ta Askatasuna, eso dice ser Eta: Euscadi y libertad: una tierra en la que unos tendrán condición de señores, y otros de súbditos, no se sabe aún en qué grado. Sin derechos civiles por supuesto, sin voz y sin voto y sin lengua. Una libertad administrada con pistolas y con dinamita. No es ese el mejor camino ni para hacer amable a Euscadi, ni para hacer deseable la libertad de Eta. Pero claro, tampoco pretenden hacerla amable, sino tan sólo hacerla suya.

EL ALMANAQUE examina hoy la palabra fama y su entorno.