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ARTICULOS
EL DÍA DE MARTE
Temas bélicos (el hombre, las fuerzas armadas, el terrorismo, violencia...)

LOS BUENOS MODOS NO SIEMPRE SON BUENOS

Partamos de la legitimidad de los dos métodos: el de quien prefiere colaborar con los asesinos porque cree que esa es la mejor fórmula para llevarlos al buen camino, convencido de que así consigue que maten menos que si se les dejase manos libres; y el de quien por el contrario considera que no hay que cederles ni un milímetro de terreno, ni darles un segundo de respiro. A los primeros se les suele llamar colaboracionistas; y a los segundos, intransigentes. Sería una discusión bizantina dilucidar quién tiene razón. Históricamente llevan las de perder los transigentes-colaboracionistas-transaccionistas. Argumentos loables para apuntarse al carro del asesino nunca faltan: los colaboracionistas siempre tienen a punto la lista de los que han salvado de ser asesinados gracias a sus buenos oficios ante los asesinos. Les han arrancado treguas, condonación de penas, fugas consentidas... La hoja de servicios y de buenos oficios al bando de los buenos ha sido inestimable gracias a su aparentemente sincera amistad con los malos. Es una estrategia que nunca han entendido los intransigentes, que siempre sospechan que no se trata de amistad fingida, sino de auténtica querencia al monte, como la cabra. Y resulta que son siempre las afinidades doctrinales las que determinan los niveles de colaboración. En el caso que nos ocupa en España sobre el independentismo vasco, las posiciones están bien claras: es una escalera en la que cada uno ocupa su peldaño: en lo alto de la escalera los terroristas y su brazo político están talmente empeñados en la independencia, que se sienten legitimados a matar para conseguirla. En el peldaño contiguo está el partido nacionalista vasco, que considera que los terroristas matan, secuestran, extorsionan, aterrorizan y destruyen no sólo en beneficio exclusivo suyo, sino a favor de todo el movimiento nacionalista, por lo que les piden el cuerpo y el alma y la mente y el corazón, que les ofrezcan protección, simpatía y cobertura política, policíaca y social (¡y hasta religiosa!). Un peldaño más abajo está el partido socialista, que situado entre Pinto y Valdemoro, no le hace ascos a la independencia del país Vasco (al fin y al cabo tiene en su seno a los independentistas catalanes) confiando en que una vez alcanzada ésta, prevalecerán las tesis de los moderados que ahora ni se escuchan; y que la Constitución y la unidad de España tampoco hay que tomárselas tan al pie de la letra; que tampoco es cosa de ponerse tan intransigentes con los amigos de los amigos de los asesinos; que hay que tratarlos con más modos y hacerse los distraídos, y colaborar con ellos hasta donde se pueda, que tampoco son tan malos. Y debajo de todo está el partido popular, que considera que hay que ser intransigente con la independencia, con el asesinato y con la unidad de España. Pues bien, se llevan mucho los paños calientes, y el disimular y poner buena cara aunque te acribillen, aunque te vuelen el coche estando tú dentro, y luego darles la mano educadamente. A eso se le llama diplomacia. Es lo que hicieron con Hitler todos los países europeos menos los ingleses. Y así le fueron soltando cuerda y sonriéndole, hasta que la sonrisa se les heló en la cara. Cuando quisieron darse cuenta, era ya demasiado tarde. Se habían excedido en las buenas maneras con alguien que mientras apretaba manos y firmaba tratados de paz, tenía a sus bandas de asesinos sembrando el terror. Hitler tenía las manos limpias, no era imbécil.

EL ALMANAQUE examina hoy la palabra y la idea de intransigencia.