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EL DÍA DE MARTE
Temas bélicos (el hombre, las fuerzas armadas, el terrorismo, violencia...)

ANÓNIMAS, PERO NO TANTO

Se trata de entronizar el principio de irresponsabilidad en la gestión del capital ajeno. La diferencia entre una "sociedad anónima" y la que sí tiene nombre, es que tal como en ésta hay una persona que da la cara y responde con sus bienes de los quebrantos que el ejercicio económico de la sociedad produzca en terceros, en la sociedad anónima no existe esa persona, no existe ninguna persona responsable. El único responsable es el capital; y agotado éste, se agotan las responsabilidades, aunque el capital sea insuficiente para hacer frente a las mismas. Las personas que confían su dinero a la compañía, sólo ante ésta pueden reclamar (es decir ante la reunión plenaria de todos los que en ella han puesto dinero). Fuera de la compañía no hay reclamación posible, como no haya delitos. Y no sólo los accionistas, sino que tampoco los que en su actividad económica han resultado perjudicados por la compañía, tienen derecho a reclamar nada una vez agotado el capital, por desastrosa que haya sido la gestión que ha llevado a la quiebra, a los impagos, al desfalco, a la estafa en fin, a no ser que haya mediado delito. La ley tiene previstas para la Sociedad Anónima la quiebra y la suspensión de pagos (la forma legal de no pagar, de estafar en fin de cuentas). No hay empresario al que reclamar por su mala gestión, como ocurre con las sociedades personales. Los accionistas de Telefónica no tienen derecho ni siquiera a inquietarse por la gestión del presidente de la compañía, que no tiene nada de anónimo. Hoy se llama Villalonga, al que dicen que puso el gobierno de testaferro y le salió el tiro por la culata; y mañana se llamará Juan y será el testaferro del consorcio bancario que suma el mayor número de acciones. No tienen ningún derecho. Lo único que han de hacer es removerlo si ven que con él pierden valor el capital y la compañía. Nada más. Eso en teoría cuadra perfectamente, pero en la práctica no hay manera de hacerlo andar. Ni el accionista minoritario, ni los políticos, ni las instituciones de control tienen manera efectiva de intervenir. Para eso están diseñadas así las sociedades anónimas. Por eso el único camino que queda es la criminalización. Es una vía abierta a quien no tiene otras vías. No siendo nada fácil, es la más practicable. Y por esa vía se han lanzado los dos únicos medios que no están bajo el control del consorcio mediático Polanco-Villalonga. La respuesta no se ha hecho esperar: Villalonga ha ido directo a romper la Cope, ofreciendo a uno de sus elefantes sagrados, José María García, la dirección de los deportes de su enorme organización mediática. Un bombón al que es muy difícil renunciar (la sustancia no son los 10.500 millones que dicen que le ofrece Villalonga por su portal); no sólo eso, sino que sueña García con integrar la Cope en el proyecto. La tormenta que se ha desatado en la emisora de los obispos, es de las que marcarán un antes y un después. El Mundo y la Cope son los únicos medios que están por la criminalización de Villalonga. No en cambio, José María García, que se aparta decididamente de esa estrategia (nunca se sabrá cuánto influye en su distanciamiento de la visión que de Villalonga tienen sus compañeros de la Cope, el hecho de ser objeto de una generosidad tan abrumadora por parte de éste: las brumas, si son espesas, impiden la visión clara). Una cosa queda en pie respecto a Villalonga, y es que el acusarle de un pecadillo es la única manera de quitarlo de en medio.

EL ALMANAQUE analiza hoy el anonimato de las sociedades anónimas.