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ARTICULOS
EL DÍA DE MARTE
Temas bélicos (el hombre, las fuerzas armadas, el terrorismo, violencia...)

¡POR BIENHABLADOS!

Lo decía san Pablo en una de sus cartas: soy amigo de este y del otro, pero más amigo soy de la verdad. No es nada bueno que por mantener la amistad de éste o del otro faltemos a la verdad. Sale mucho más a cuenta perder las amistades, que perder la amistad con la verdad. Porque siguiendo en la línea del sermón, dice también san Pablo en la carta a los romanos que la verdad nos liberará (literalmente, eleuqerosei / eleuzerósei); si volvemos el guante del revés resulta que la mentira nos esclavizará. Y en eso estamos, en una grave esclavización; en la más grave de las esclavizaciones: la de la palabra. Muchos años de hipocresía, es decir de cuchichear a escondidas lo que debía decirse a la cara, o de ponerles buena cara a cosas a las que correspondía ponerles muy mala cara; muchos años de aceptar que se llamara con buenos nombres a cosas infames; muchos años de bailarles el agua a los que estaban devorando nuestra libertad; muchos años de transigir en lo que no se debía transigir por ningún concepto; muchos años de ser bienhablados cuando el más elemental decoro nos obligaba a ser malhablados, han acabado con nuestra libertad. Y ahora, cuando es muy tarde, cuando estamos tan profundamente esclavizados por las palabras con que nos hemos mentido; cuando tenemos tan asumida nuestra esclavitud que se ha convertido para nosotros en el agua en que nadamos y el aire que respiramos; cuando nos hemos dejado maniatar y trabar los pies y la lengua por las palabras tergiversadas con que nos han esclavizado los enemigos de nuestra libertad; ahora que la situación apenas tiene remedio, ahora que las ajorcas se han desvelado ya como los grilletes que siempre fueron, porque no nos dejan mover, y si nos movemos nos cuestan sangre, ahora empieza el de profundis. Pero diciendo los santos del revés, porque ni para rezar ni para rebelarnos nos quedan palabras. Las palabras de nuestras oraciones imploran más del mal que nos aflige, porque nos han enseñado a bendecir nuestro mal; no existen en nuestra lengua y en nuestra lógica palabras para maldecirlo. Y nuestros gritos de rebeldía son una exaltación de las cadenas. El anterior obispo de San Sebastián, monseñor Setién, de infausta recordación, fue un gran forjador de nombres benditos para cosas malditas. Su sucesor, monseñor Uriarte, abrió una puerta a la esperanza: su gran promesa fue que llamaría a las cosas por sus nombres. Estaba confesando que el gran pecado de su antecesor contra el pueblo, había sido cambiarles los nombres a las cosas. Han pasado ya muchos meses, y todavía no se ha estrenado el nuevo pastor. No le ha restaurado su nombre ni a una sola cosa. A este paso necesitará siglos para devolverles a las ovejas de su rebaño marcadas para el sacrificio, lo que su antiguo pastor les quitó. Están inmersas ya en un clima de fascismo, en pleno terror fascista, y van de camino hacia las formas nazis, un grado más alto de lo mismo. Pero el obispo no puede hacer nada, tiene atadas las manos y la lengua, porque la inmensa mayoría de los pastores, a imagen y semejanza de Setién, lo son en especial de la otra mitad del rebaño, parte de cuyas ovejas son las que han señalado para el sacrificio a la otra mitad, y parte las que sin gustar de mancharse las manos de sangre, comprenden a las que han optado por ese camino. Se sentirían insultados sus feligreses preferidos, si los llamase lo que son: fascistas. Por eso sigue llamándoles nacionalistas.

EL ALMANAQUE se ocupa hoy de una palabra inexistente: benedicencia.