BÁRBARA

Barbara (Barbara) es la forma griega de este nombre. Significaba antiguamente "extranjera". Los griegos primitivos cuando no entendían lo que hablaban los otros pueblos decían "que hablaban bla bla". En efecto, está documentado que la forma inicial de esta palabra era blablaloV (bla-bla-lós), literalmente el que habla bla bla. Sólo fue cuando los bárbaros empezaron a hacer barbaridades cuando se le dio a la palabra un matiz peyorativo. De todos modos, al asociar a santa Bárbara con las tormentas, las explosiones y la artillería, se le ha querido dar un valor más bien duro al nombre. Su diminutivo Barby lo dulcifica definitivamente. Allende los Pirineos es muy apreciado y se lleva con mucha gracia.

Santa Bárbara figura en el santoral cristiano, tanto el ortodoxo como el católico romano, entre las estrellas más resplandecientes. Su sepulcro, en Nicomedia, junto con el de santa Juliana, fue durante siglos uno de los más importantes centros de peregrinación de la cristiandad. Las curaciones de los enfermos que acudían a venerar estas reliquias, fueron numerosísimas. La antigüedad de estas santas (son de principios del siglo III) es la causa de que la documentación sobre ellas sea muy escasa; pero la devoción y la tradición suplieron el desgaste del tiempo. Cuenta, pues, la tradición, que nació santa Bárbara en Nicomedia, hija de un pagano noble pero supersticioso, llamado Dióscoro. La belleza de la niña aumentaba de día en día, de manera que al llegar a la edad núbil, su padre construyó para ella una torre dotada de todos los lujos y comodidades, incluyendo un baño para su recreo, y allí la tuvo como si fuese prisionera. Al convertirse Bárbara al cristianismo, notó el padre cosas raras, demasiados símbolos cristianos en la casa, por lo que después de haber averiguado el significado de todo aquello, la denunció a Martiniano, pretor de la provincia. Éste, cumpliendo con su deber de perseguir a los cristianos, tras intentar en vano convencerla de que volviese al culto de los dioses paganos, se vio obligado a condenarla a la pena capital. Pero era tal el fanatismo de su padre, que pidió ser él mismo quien la ejecutase. Se le concedió, y así lo hizo. Y he aquí que al volver a casa, se desató una terrible tormenta, y un rayo lo fulminó (de aquí viene el dicho de "acordarse de santa Bárbara cuando truena"). Fue sepultada, junto con santa Juliana, que con ella sufrió martirio, por un hombre piadoso llamado Valentín. He ahí la tradición y el porqué de la devoción a santa Bárbara. Se la invoca en las tormentas y en los incendios, y es la patrona de la artillería, de los mineros y de los canteros. Se la representa ante una torre con tres ventanas, sosteniendo la palma que simboliza el martirio. A veces también se la ve con un cañón al lado. Su fiesta es el 4 de diciembre, fecha en que celebran las Bárbaras su onomástica.

Entre las Bárbaras célebres hay que citar a Bárbara de Cilli, (m. 1451) emperadora de Alemania; Bárbara de Brandeburgo (1464-1515); Bárbara de Radziwill, reina de Polonia; Bárbara de Austria, Bárbara de Braganza, princesas y reinas todas ellas de gran entereza, como si les viniese esta virtud del propio nombre, recio, de los que se hacen respetar, muy reconfortante. ¡Felicidades!

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