ADELA

Partiendo de la raíz germánica Athal, se ha pasado a la forma Ethel en las lenguas anglogermánicas. Con esta palabra designaban la nobleza los países teutónicos, de la cual distinguían tres clases: la Geburts-Adel (nobleza de sangre); la Verdients - Adel (nobleza de mérito) y la Erb-Adel (nobleza hereditaria). En todo caso, la palabra Adel, que hemos transcrito en español como Adela, significa "nobleza". Curiosamente la misma raíz Adel la encontramos en árabe, con un significado muy afín. Significa "equidad" y también "justo". Es un título que adoptaron varios príncipes como Adel-Chah, Malek-Adel, etc. Es comprensible que de tan noble palabra se formasen numerosos nombres propios, tanto masculinos como femeninos. El elemento Adel o Ethel forma parte de compuestos como Adelardo, Adelberto, Adeltrudis, Adelvina, Adelvisa, Etebaldo, Etelberto, Etelfredo... Adela y Adelaida son dos variantes de la forma germánica Adel. Se usa también Adela como hipocorístico de Adelaida y de los demás nombres femeninos compuestos de Adel. Hay que decir también que se usa Alicia como variante de Adela y de todos sus derivados.

Santa Adela fue hija de san Godoberto II, rey de Austrasia. Se casó con el noble Alberico, del que tuvo varios hijos. Fundó el monasterio de Tréveris, al que se retiró después de enviudar y con los hijos ya criados. Fue nombrada abadesa y permaneció en el cargo durante treinta años. Fue un ejemplo de religiosidad y de virtud. Murió ya de avanzada edad el año 734. Las Adelaidas celebran su onomástica el 24 de diciembre, aunque el santoral nos menciona otras cuatro santas de este nombre. Hay que recordar también a santa Adelaida, reina de Italia y emperatriz de Alemania, nació en 931. Fue una mujer muy valiente. Habiendo sido encarcelada, se escapó y pidió ayuda a Otón I de Alemania para recuperar sus Estados. Le ofrecía su mano y su reino. Adelaida fue toda una institución y un elemento pacificador. Siempre que la necesitaron para ayudar al gobierno de los que fueron sus Estados, ahí estuvo; y cuando no era necesaria, se retiraba a su monasterio, sometiéndose a la disciplina monástica. Su fiesta, el 16 de diciembre.

El nombre de Adel tiene una remota historia y una notable huella toponímica. El más célebre Adel fue rey de Suecia en el siglo VI, hijo y sucesor de Othar. Vengó la muerte de su padre a manos de los daneses haciéndoles la guerra. Habiéndoles vencido, les obligó a firmar un tratado de paz, una de cuyas capitulaciones era la de casarse Jarmerick, rey de Dinamarca, con Swavilda, hermana de Adel. Siguió la venganza en ésta, y tuvo que vengar Adel a su hermana muy duramente. En la geografía, tres poblaciones de los Estados Unidos llevan este nombre. En África se llama así la costa oriental bañada por la parte meridional del golfo de Adén.

Nobleza obliga, y llevarla en el nombre también. Llamarse Adela es no sólo la proclamación de la nobleza, sino también la incitación a pelear por mantener la que se tiene y a incrementarla siempre más. El propio nombre da seguridad y genera confianza. ¡Felicidades, Adela!

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