Es el nombre de una mujer del
pueblo de Israel, en la época anterior a los reyes. Significa "Mi suavidad",
"Mi delicia", pero pasó una época de su vida muy amarga, por lo que pidió
que dejasen de llamarla Noemí y la llamasen Mara (Amargura). En efecto, a causa de
una gran hambre que hubo en Israel, y concretamente en Belén donde vivía, se vio
obligada a emigrar al país de Moab con su marido Elimelec y con sus dos hijos, Mahlón y
Queón, que se casaron en el país de los moabitas con sendas mujeres del país: Rut y
Orfa. Enviudó Noemí y al poco tiempo murieron también sus dos hijos, quedándose sola
la buena mujer en un país extranjero con dos nueras también extranjeras. Comprendió la
buena mujer que no le quedaba ya nada que hacer entre los moabitas, por lo que decidió
regresar a Israel. Pero la fidelísima Rut, que sentía veneración por su suegra, le dijo
que no la abandonaría, que se iría con ella a Belén, y allá que se fueron las dos en
el tiempo de la siega. Rut iba tras los segadores, recogiendo las espigas que se perdían
de las gavillas, para atender a su propio sustento y al de su suegra Noemí. Al verla
Booz, propietario de los campos en que Rut recogía el trigo de los pobres, que además de
acaudalado propietario, era pariente de Noemí, dio orden a los segadores de que
cumpliesen con especial celo la ley de Moisés que mandaba no apurar los campos para que
los pobres y los extranjeros tuvieran algo que llevarse a la boca. Sabedora Noemí del
interés que se estaba tomando Booz por su nuera, la instruyó de manera que entre la ley
del levirato, que obligaba en cierta manera a Booz, y el atractivo que sentía éste por
Rut, acabase celebrándose el matrimonio entre ambos. De este modo Noemí reinsertó en su
familia a su fiel nuera Rut, extranjera, lo que la hizo maravillosa a los ojos de los
israelitas, que escribieron su historia en los libros sagrados y tomaron a Noemí como
modelo a ser admirado y seguido por todo el pueblo de Israel a lo largo de los siglos. Y
ocurrió además que la moabita tuvo de Booz un hijo al que llamaron Obed, el cual a su
vez engendró a Jessé, y éste a David, el gran rey profeta de Israel.
Las Noemí celebran su onomástica el 4 de
junio, en que el santoral hace memoria de santa Noemí matrona, día en que se conmemora
también santa Rut. No hay referencias biográficas de esta santa, pero tampoco son
necesarias teniendo las que llevan este nombre un referente tan extraordinario como la
inigualable Noemí. Una mujer con un corazón enorme, que supo tener con sus nueras una
relación de lo más ejemplar; que supo convertir sus amarguras en felicidad propia y
ajena; y que maniobró con inteligencia y con corazón para integrar a su fiel nuera Rut
en un pueblo que no era el suyo, pero al que llegó a amar profundamente por amor a su
suegra. Y fue premiada su generosidad fundando sobre ella la genealogía del mayor
personaje de la historia de Israel, el rey David, y del mayor personaje de la historia de
occidente, Jesús, que cambió al hombre desde sus raíces. He ahí un nombre que nos
recuerda el prototipo de mujer que es capaz de resistir todas las adversidades y que al
final sale triunfante de todas las tribulaciones. Que vence gracias al amor y a la
generosidad. Una auténtica delicia de persona, tal como dice el mismo nombre, y que
cosecha por ello de la vida un premio superabundante. ¡Felicidades, Noemí, por tan
delicioso nombre!