VERÓNICA
Las formas
más populares de este nombre en diversas lenguas son: Feronique, Verone, Venice,
Vironica, Berenice, Veroïne. Esta gran variedad de formas da lugar a que se propongan
diversos orígenes para este nombre. Algunos lo hacen proceder directamente de Berenice,
las reinas de Egipto y de Siria así llamadas (tenemos en el cielo la "cabellera de
Berenice"), y otros entienden que el nombre está formado por el adjetivo latino Vera,
más el sustantivo griego eikwn (eikón, de donde procederá icono). Según esta
interpretación, el nombre significaría "verdadera imagen", que como valor
simbólico es todo un elogio a la sinceridad y a la transparencia de carácter.
Santa Verónica es la mujer que
compadeciéndose de ver a Jesús camino del Calvario en la vía dolorosa, movida a
compasión le secó la sangre del rostro con un lienzo, en el que quedó marcada la cara
de Cristo como si hubiese sido impresa. Diversos hallazgos y tradiciones dieron vida a
este episodio, y relevancia a la mujer que tuvo tan generoso y arriesgado gesto con
Jesús. El simple hecho de ponerse del lado de un condenado a la pena más ignominiosa,
acompañado de la multitud que le insultaba y le escupía, era ya un gesto muy valiente.
Si añadimos que Jesús iba custodiado por soldados romanos en un país sometido, cuya
reacción era imprevisible, la acción de Verónica resplandece todavía más. No nos
dejó el Evangelio más datos de ella. Fue la tradición la que dotó a la santa de una
bella historia. La Iglesia conmemora a esta santa el 10 de julio, día en que celebran su onomástica
las Verónicas; pueden optar, no obstante, por celebrarla el 29 de agosto o el 13 de
enero, fechas en que la Iglesia conmemora a sendas santas de este nombre.
El nombre de Verónica pasó a denominar, además de
la santa, el lienzo en el que imprimió el rostro del Señor. Lienzo que ha sido siempre
considerado como una de las más preciosas reliquias. La leyenda, que tuvo su momento de
esplendor en la Edad Media (como la del Santo Grial), tiene múltiples versiones. Según
una de ellas, el emperador Tiberio padecía una enfermedad y sabiendo que la Verónica
tenía el lienzo con el rostro de Cristo, acudió a ella y al mostrárselo ésta, quedando
la imagen del Salvador ante Tiberio, éste quedó sano de inmediato. Según otras
leyendas, es Vespasiano el que está enfermo y se cura gracias al santo lienzo. Y otras
leyendas, finalmente, hacen intervenir al evangelista Lucas, el pintor, quien no
consiguiendo representar la imagen de Cristo, tiene que acabar copiándola del lienzo de
la Verónica. La que se considera la auténtica efigie de la Verónica se custodia en el Sancta
Sanctorum de la basílica de Letrán, en Roma. Los pintores más famosos han recreado
tanto la escena en que la Verónica limpia el rostro de Jesús, como el lienzo llamado de La
Santa Faz.
Tanto si miramos hacia la antigüedad clásica, como
si miramos hacia el cielo o si miramos hacia la Verónica del Evangelio, damos de cara con
el esplendor de un nombre que encierra nobleza, generosidad, valentía y renombre.
¡Felicidades!
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