Yago es una de las formas más
antiguas en lengua española del que llamamos hoy Santiago. En este nombre se detecta
fácilmente la composición, en la que el apelativo de santo (en la forma de Sant),
se ha incorporado al nombre original, Yago. Bastaría volver a las grafías
antiguas de Santiago, separada la una: Sant Yago, y junta la otra: Santyago
(que ambas se dieron), para percibir sin necesidad de intérpretes cuál es el origen de
ambos nombres. La forma Yago viene del latín Iacob (escrito también Jácob),
pues ante este nombre nos hallamos. Es el mismo el nombre del patriarca que el del
apóstol (obsérvese que el acento cargaba sobre la a, en caso contrario se hubiese
diluido el problema); pero precisamente para no confundirlos se prefirió mantener al
patriarca con el nombre de Jácob, reservando el de Jacobus para Santiago
(que en italiano dio Giáccomo, y en francés Jacques) claramente
diferenciado de Jácob, al que siguieron llamando así. Pero al quedar en español
el Jacobus en Yago, y al no diferenciarse el nombre del patriarca del del
apóstol, se impuso la costumbre de anteponer el prefijo sant al nombre de Yago.
Pero este fenómeno se produjo sólo en España, a causa de la íntima convivencia, no
siempre armoniosa, entre cristianos, judíos y musulmanes.Al ser muy apreciado el
patriarca Jacob tanto por los judíos como por los musulmanes, éste era un nombre muy
frecuente entre ellos. Los cristianos que también lo adoptaron, pero pensando en el
apóstol, no en el patriarca, se vieron obligados a señalarlo con toda claridad, para no
ser acusados de tener simpatías hacia las formas de vida (y de llamarse) de los judíos y
de los árabes. De ahí que los que se llamaban Yago se ocuparan siempre de aclarar que el
Yago de su nombre no era el patriarca, sino el apóstol, anteponiéndole siempre el
prefijo Sant: Santyago.
Ocurrió, además, que a causa del sepulcro del Apóstol en
Santiago de Compostela se hizo extraordinariamente popular este nombre no sólo en
España, sino también en el resto de Europa. Las costumbres onomásticas nos lo confirman
cabalmente. Hay que tener en cuenta que el sepulcro de Santiago fue uno de los tres
grandes centros de peregrinación de la cristiandad (Roma y Jerusalén fueron los otros
dos). Eso explica que ni la iglesia ni los señores temporales ahorrasen esfuerzos por
residenciar en su país las reliquias lo más valiosas posible desde el punto de vista
religioso. A ellas iba ligada una gran virtud curativa (ese fue el desencadenante primero
de todas las pergrinaciones,hoy a Lourdes, ayer a Santiago de Compostela y a tantos otros
santuarios que han atraído a los fieles peregrinos.
En el nombre de Yago,que ha desarrollado también el femenino
Yacoba, además del apellido Yagüe (= Yagüez, hijo de Yago), confluyen tres grandes
culturas: la judía, la musulmana y la cristiana; por lo que este nombre revela no sólo
el amor por las formas y tradiciones antiguas, sino también el espíritu de concordia
entre pueblos y culturas. La onomástica se celebra igualmente el 25 de julio, fiesta de
Santiago apóstol, apodado el Hijo del trueno por su carácter apasionado y por su
inclinación a resolver las cosas de frente, sin darles demasiadas vueltas. Es en verdad
un nombre espléndido el de Yago. ¡Felicidades!