ATENEA

Entre los valores que cultivamos en los nombres, prevalecen los que corresponden a nuestra cultura, predominando entre ellos los de personajes que se distinguieron por su comportamiento en relación con la fe y las costumbres cristianas. Son los que llamamos santos. Pero no es éste nuestro único caudal onomástico; la cultura griega ha sido desde siempre una fuente de inspiración para los espíritus más libres. Y entre los nombres de esta procedencia, el de Atenea es uno de los que reúnen más atractivos, de ahí que sea tan agradable de llevar y de pronunciar.

Atenea se llamaba en griego Aqhna (Azéna). Era la diosa protectora de Atenas. Su nombre completo era Palas Atenea. Hija de Zeus; nació de su cabeza, por lo que se la considera diosa de la inteligencia, de la mesura y de la paz, en oposición a Ares, el dios de la guerra. En la Ilíada ella es la pacificadora, la reflexiva, la que inspira sensatez en los guerreros. Se la representa con los atributos guerreros más bien como defensora de la paz. Por eso, porque es la diosa de la reflexión y de la deliberación, preside las asambleas e inspira la elocuencia a los oradores. Atenea, como diosa pacifista, es la que protege las artes manuales y la que enseña a los hombres a plantar el olivo, símbolo del trabajo y de la paz.Pero también la creación intelectual es parte de su responsabilidad: inspira a los poetas y a los oradores y a los filósofos y a los que se dedican a la ciencia. Atenea es también, y por el templo que le dedicaron los atenienses parece que por encima de todo, la ParqenoV (parzénos), la Virgen por antonomasia, la siempre joven, la no-sometida a un marido (que parece que ese es el significado de su primer nombre, Pallas), y quizá sea también la principal razón de su atuendo guerrero, es decir no femenino. El Partenón es el gran templo de Atenea, y las Panateneas las fiestas solemnísimas con que la honraban los atenienses. En estas fiestas, que atraían a toda Grecia, exhibían el culto más esplendoroso, los concursos de poesía y de teatro, todo lo que fuera manifestación de las artes.

El nombre de Atenea se perpetuó en la ciudad de la diosa, que a la vuelta de los milenios sigue en pie, mostrando con orgullo los restos del Partenón. Y en honor de la diosa, también, se llamó "ateneos" a los centros de cultura y de saber, ya desde el principio de nuestra era. El emperador Calígula fundó el primer ateneo en Lyón. El año 135 Adriano fundó otro ateneo en el Capitolio de Roma, y siguieron a lo largo de la historia instituciones nobilísimas dedicadas al saber denominadas ateneos para recordar a Atenea, la diosa de la sabiduría.

El nombre de Atenea fue sumamente venerado, por eso muchos hombres insignes se honraron con él. Ateneo de Seleucia, filósofo peripatético, contemporáneo de Estrabón, se distinguió por su elocuencia; Ateneo el sofista, filósofo del siglo II, nos dejó una abundante obra; Ateneo de Cilicia, médico griego fundador de la escuela de los neumáticos, que concedían gran importancia al espíritu (pneuma / pnéuma), abrió camino a una corriente en plena vigencia. Pero no son sus admiradores, sino la propia Atenea la que llena de contenido y de virtud este nombre. ¡Felicidades!

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