ANTOLÍN
Un
nombre del tronco de los Antonios, célebres tanto en Roma como luego en el cristianismo.
Del latín Antonius derivó el gentilicio Antoninus, cuya forma culta fue y
es Antonino, pero que desarrolló la forma popular Antolín. Yendo a buscar la etimología
de este nombre en su original, hay que decir que las especulaciones van por tres caminos.
Unos dicen que Antonio procede del griego anqoV
(ánzos), que significa flor y que por tanto daría al
nombre el significado de "floreciente", otros prefieren verlo como derivado de
la preposición griega anti (antí) con el significado de "el que se opone a su
adversario": y otros finalmente interpretan que el significado del nombre es
"digno de alabanza". Los Antoninos y los Antolines participan del valor de este
nombre. Dignos de recordación son los Antoninos, que así se denominan los siete
emperadores que tuvo Roma desde el 96 al 192, conocido como el siglo de los Antoninos. Sus
nombres son: Nerva, Trajano, Adriano, Antonino Pío, Marco Aurelio, L. Vero y Cómodo. En
contraste con la enorme popularidad del nombre de Antonio, las formas de Antonino y
Antolín han sido mucho más selectivas. De todos modos el apellido Antolínez (hijo de
Antolín) es un claro indicio de que en algún momento el de Antolín fue un nombre muy
común.
San Antolín nació a mediados del siglo III en la
Galia Narbonense. Es el patrón de los cazadores. Nacido de estirpe real, prefirió la
vida religiosa, a la que dedicó sus años de juventud en Salerno (Italia), entregándose
especialmente a la predicación. Al volver a Francia al cabo de 18 años, fue acusado de
cristiano ante Teodorico, su tío, que gobernaba entonces su reino desde Tolosa. Lo mandó
encerrar en el calabozo sin darle de comer ni de beber, pero gracias a la ayuda de un
joven noble pudo resistir en prisión hasta que murió su tío. Liberado, se retiró a la
soledad de un bosque con otro sacerdote; pero fueron descubiertos por Galacio, sucesor de
Teodorico, quien mandó decapitarlos y arrojar sus cuerpos al río Aregia. Y ocurrió que
pasado el tiempo, el rey don Sancho de Navarra fue a parar a esta cueva persiguiendo a un
ciervo en una cacería. Y he aquí que al ir a disparar la flecha se le paralizó el
brazo. De este modo descubrieron que en aquella cueva estaba enterrado el cuerpo de san
Antolín. Esta escena está representada en la cripta del trascoro de la catedral de
Palencia. La fiesta de este santo es el 2 de septiembre, fecha en que celebran su
onomástica los Antolines.
Los Antolínez florecieron especialmente en Sevilla
y en Valladolid. De Sevilla son José Antolínez y Antolínez de Sarabia. Las obras de
ambos han merecido el honor de los museos (en el Prado, seis escenas de la vida de la
Virgen, y otras en la catedral y en el museo de Sevilla). De José Antolínez tienen mucho
mérito El éxtasis de la Magdalena (El Prado), una Concepción y un San
Jerónimo (Munich), Los desposorios de Santa Catalina (Hamburgo), un Niño
Jesús durmiendo (el Hermitage) y La glorificación de la Virgen (Amsterdam).
Los dos Antolínez de Valladolid fueron insignes prelados. No le falta gloria y virtud al
nombre de Antolín, desde su nobilísimo origen hasta sus últimos descendientes.
¡Felicidades!
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