CORAL
Entre las riquezas marinas que más fascinación producen están
los corales, unas formaciones tan extraordinarias, así por lo que respecta a su origen
como por lo que se refiere a su belleza, que cuesta trabajo creer a lo que ven nuestros
ojos. Y cuando pasamos de las colonias de corales a los atolones y a los rosarios de
arrecifes de coral, se nos queda menuda la capacidad de asombro. Los parajes paradisíacos
que sobre ellos se asientan, nos anuncian la belleza de sus cimientos submarinos. Nada
tiene por ello de extraño que al buscar nombres bellos de mujer, alguien haya puesto sus
ojos en este prodigio de la naturaleza, y haya elegido el nombre de Coral. Poco frecuente,
es cierto, pero exquisito y reservado como los propios corales. Un nombre de bellezas
recónditas, como todas las que atesora el mar en sus profundidades. En cuanto a su valor
onomástico hay que decir que antiguamente fue nombre propio masculino en Cataluña, de
ahí que se hayan formado a partir de él varios linajes en Fontrubí, Martorell, Mediona,
etc., quedando esta forma como apellido y asimilándose el nombre a la forma de
"Conrad" para dar paso a su utilización como nombre femenino. Como tenía que
ser.
Nuestra Señora del Coral tiene un santuario en Francia, en el
departamento de los Pirineos Orientales, en el Vallespir. Está a 1075 metros de altitud,
entre Serrallonga y Prats de Molló. Está documentada su existencia desde el año 888. El
gran filólogo catalán Corominas apunta como más probable etimología de este topónimo
del Vallespir, la palabra latina cor, que pasó a designar el corazón o la parte
coral del roble. En aranés se llegó a usar la palabra corau para denominar el
roble. La tradición sobre el hallazgo de la imagen de la Virgen no se pone de acuerdo
sobre si fue hallada en un roble hueco por dentro (en el corazón de un "corau"
, lo que avalaría la anterior etimología) o en un olmo. Las Corales celebran su
onomástica el 8 de septiembre, festividad de la Natividad de Nuestra Señora, en que se
concentra la celebración de la mayor parte de las "Vírgenes halladas".
En cuanto al coral hay que decir que aparte de sus construcciones
geológicas, que son maravilla de maravillas, desde la antigüedad se le asignaron toda
clase de virtudes como talismanes, como joyas y como medicina. Los romanos lo conocían ya
y lo apreciaban grandemente; fueron ellos los que nos transmitieron el nombre (corallium
o coralium). Y fueron probablemente ellos los que dieron el nombre de Costa de
Coral al mar que baña la Argelia oriental y la Tunicia septentrional por la riqueza de
las pesquerías de coral de aquella zona. A partir de ahí el nombre de Coral forma parte
de otros lugares como el Mar de Coral, en el océano pacífico, al noreste de Australia;
el territorio de las Islas del Mar de Coral, la bahía E de la isla de San Juan, del grupo
de las Islas Vírgenes, una isla en Filipinas, y otros varios territorios en América y
Oceanía. Según la mitología, el coral brotó de la cabellera de Medusa. Se le atribuía
la propiedad de preservar a las casas de los rayos, de ahuyentar las desgracias y de
restañar la sangre de las heridas. Y por si le faltaba algo a este nombre, también se
llama coral la forma más bella del canto, cuando son muchos los que en él participan.
Nombre espléndido el de Coral. ¡Felicidades!
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