Francisco viene del
italiano Francesco, que significa " francès". Fue justamente san
Francisco de Asís el primero que elevó este sobrenombre que se daba a los miembros de la
familia, a la categoría de nombre. Es posible que respondiese este mote a que la madre
tenía un apellido francés de alcurnia (Pica de Bourlemont); y su padre, que se llamaba
Pedro Morico y le llamaban Bernardone, era un próspero comerciante que viajaba
frecuentemente a Francia. En la familia se solía hablar en francés.Por todo ello la casa
de san Francisco de Asís (cuyo nombre de pila era Juan), era vista por sus conciudadanos
como afrancesada.
San Francisco de Asís nació en 1182. Hijo
de familia rica, recibió una educación como correspondía a su nivel. Pero su ingenio no
estaba en los conocimientos ni en el poder, sino en la conducta: en su manera de estar
consigo mismo, con los demás y con la naturaleza. Revolucionó profundamente la manera de
vivir la religión, a la que descargó de mucho peso muerto, y redimensionó la vida.
Desde muy joven rompió moldes. Recorría las calles de Asís gritando jovialmente: "Paz
y bien" (saludo franciscano que hizo fortuna y que todavía está en uso). Y no
era visto como un loco o un excéntrico, sino que inspiraba admiración y adhesión. Una
sencillez bondadosa resplandecía en él: era admirado y amado. La historia de san
Francisco de Asís parece calcada de Buda. Pasaron ambos una juventud muy alegre y sana,
pero alejada de la realidad. Cuando tropiezan ambos con la miseria (san Francisco con un
leproso), su vida cambia radicalmente: el que sufre pasa a ser la nueva medida de la vida.
Y no es que en su aspecto fuese precisamente un privilegiado de la vida: era bajo, moreno,
de cabeza redonda tirando a grande, cara alargada, frente pequeña, ojos negros,
serenísimos, cejas rectas, nariz estrecha y afilada, labios pequeños y delgados, barba
rala, enjuto de carnes; pero el espíritu que habitaba en aquel cuerpo, el espíritu de
san Francisco de Asís regeneró Europa, desde la filosofía y la religión hasta la
conducta (el humanizó la Navidad con los belenes). Tuvo seguidores, muchos seguidores,
con los que fundó una orden religiosa. Hombres y mujeres se contagiaron del espíritu de
san Francisco y dedicaron su vida a Dios y a los hombres a la manera original del "Pobrecillo",
que así le llamaban porque se desprendió absolutamente de todo y lo dio a los pobres
y vivió como ellos de la caridad. Tuvo que fundar la tercera orden, la de los seglares,
porque todo el mundo quería ser franciscano. El hermano sol, el hermano lobo, la
adoración por la naturaleza, vienen a ser la coronación del espíritu franciscano.
Francisco de Asís y su nombre fueron un estallido.
Muchísimos hombres y mujeres de toda condición quisieron injertarse en él mediante el
nombre. Y como si en efecto circulase a través de él la fuerza y el espíritu del hombre
que lo llevó por primera vez, floreció una multitud de Franciscos también
inconmensurables en todos los órdenes de la vida: entre los santos, fueron auténticos
vendavales san Francisco de Paula, san Francisco de Sales, san Francisco de Borja, san
Francisco Javier, y así hasta setenta santos y santas que quisieron ser ramas de un
árbol tan bien arraigado. Y siguen emperadores, reyes, sabios, poetas y artistas. Es que
se trata de una maravilla de nombre lleno de virtud. ¡Felicidades!