Nombre de origen germánico, su
forma anglosajona es Edward, y su forma latina Edvardus (que al pasar a
leerse Eduardus dio lugar a la forma española Eduardo. Se cree que procede de los
elementos germánicos Hrod (glorioso) y ward (guardia; precisamente de ahí
procede esta palabra). El nombre significa, por tanto, gloriosa guardia o guardián digno
de gloria. Tiene la variante inglesa de Edgar, en recuerdo de san Edgar "el
Pacífico", famoso rey sajón del siglo X. Pero se mantienen ambas variantes del
mismo modo que nosotros tenemos la de Isidoro (para san Isidoro de Sevilla) y la de Isidro
(para san Isidro Labrador), la de Ramón (para san Ramón Nonato) y la de Raimundo (para
san Raimundo de Peñafort). Tanto una como otra variante son muy populares, aunque es más
tradicional Eduardo.
San Eduardo rey de Inglaterra y mártir
(962-978), murió a manos de su madrastra, que quería apartarlo del trono de Inglaterra
para dárselo a su hijo. Su sobrino Eduardo III, también santo, reinó desde 1042 hasta
1066. Su juventud fue muy azarosa, pues tuvo que recuperar el trono de manos extranjeras.
Pero se cansaron los ingleses de ser dominados por reyes extranjeros. El último fue
Canuto (Knut) el Grande. Durante su largo destierro Eduardo había hecho
voto de peregrinar a Roma si recuperaba el trono. El día de pascua del año 1043 fue
coronado Eduardo rey de Inglaterra; pero al querer cumplir su voto, los nobles no se lo
permitieron, porque hubiese puesto en peligro la estabilidad del reino. Así que pidió al
papa que le conmutase la promesa; el sumo pontítice le impuso que repartiese entre los
pobres lo que hubiera costado la peregrinación con todo su séquito, y que además
edificara o restaurara alguna iglesia consagrada a san Pedro. Edificó, pues, Eduardo el
templo de Westminster (monasterio del oeste), en el que se consagran los reyes de
Inglaterra y en el que reposan los restos de algunos monarcas. Se le atribuyó la facultad
de curar a los atacados por lamparones con la sola imposición de sus manos, facultad que
luego se atribuyó a los reyes que le sucedieron. Murió en 1066. Los Eduardos celebran su
onomástica el 13 de octubre, aunque disponen de diez fechas alternativas más.
Los Eduardos han ocupado un lugar importantísimo en
la historia de Inglaterra. Hasta el ordinal VII según unos historiadores, y hasta el X
según otros, llega la cuenta de los reyes ingleses de este nombre. Desde Eduardo I el
Viejo, II el Mártir, III el Confesor, Eduardo el Príncipe Negro, se
suceden los grandes reyes, hasta llegar a los protagonistas de la Guerra de las Dos Rosas
y a la Guerra de los 100 Años. Hay que recordar también a Eduardo rey de Portugal, y
Eduardo el Liberal, conde de Saboya, y Eduardo de Bruce, rey de Irlanda, y tantos
otros Eduardos que gobernaron con valor sus Estados.En la geografía nos han quedado como
perenne recuerdo de este valeroso nombre la Isla del Príncipe Eduardo y el lago Eduardo
(antiguamente lago Alberto-Eduardo, y más recientemente, lago Idi Amín Dadá), en los
confines de Uganda y el Zaire, tributario del lago Alberto. Un nombre, el de Eduardo, que
ha dejado huella imborrable y gloriosa, como le corresponde por su origen. ¡Felicidades!