El
Almanaque es un medio abierto a todas las opiniones. La opinión
de los artículos es responsabilidad de sus autores.
LAS
CLAVES LÉXICAS - LAS
COSAS Y SUS NOMBRES
DICCIONARIO
IDEOLÓGICO
En nuestra
lengua ha alcanzado merecido prestigio y justo reconocimiento
el Diccionario ideológico de la Lengua Española de
Julio Casares. Su peculiaridad es que la parte alfabética del
diccionario, en la que es igual a todos los demás, remite a
otra sección en que las palabras están agrupadas por temas,
de tal manera que el usuario tiene delante el catálogo completo
de las palabras que sobre ese tema tiene la lengua española.
Es decir que en esta sección están las palabras agrupadas
por familias ideológicas, de manera que quien está trabajando
sobre una idea, tiene la posibilidad de encontrar aquella palabra
que sabe que existe, pero que en ese momento no recuerda.
Pero esa
sección hubiese sido caótica si no hubiese sido precedida
por otra, la de los esquemas, en la que se estructuran y
jerarquizan todas las materias, de manera que cada palabra
quede clasificada en el grupo que le corresponde. Es en
realidad el mapa del diccionario, el trazado de los
paralelos y meridianos en que se divide todo el contenido de
nuestra comunicación lingüística.
Al
plantearnos la estructuración de los contenidos léxicos de
EL ALMANAQUE, era inevitable pensar en ese modelo, es decir
en el mapa topográfico del tema (es importante el lugar que
ocupa cada palabra en el esquema ideológico) y en el
cuidado por no dejar áreas de la idea global sin atender.
La primera decisión que hemos tomado a la vista de ese
modelo ha sido ofrecer a nuestros lectores el catálogo
completo de las palabras que pertenecen al campo en cuestión.
En el caso de la MENTE, que es el campo ideológico que
tenemos más avanzado, estamos estructurando ya los esquemas
que funcionarán como mapa de este léxico específico.
Obviamente habrá grupos de palabras (verbo, sustantivación
y adjetivación de éste, adverbio…) que no merecerán ser
desarrolladas una a una, puesto que se da razón de todas
ellas a la vez en un mismo artículo. Sin embargo las
pondremos todas en el mapa y en el índice alfabético, para
ofrecerle al lector la visión de conjunto, indicando tipográficamente
(en mayúsculas cuál es la palabra que encabeza el artículo.
Estamos
convencidos de que procediendo de esta manera multiplicamos
la utilidad de nuestro trabajo, en especial para los
numerosos lectores que lo usan como disciplina y herramienta
de aprendizaje (entre ellos, muchos centros de enseñanza).
En efecto, ante el catálogo completo de palabras que emplea
la lengua en una materia determinada, tiene el lector la
seguridad de que está abarcando la totalidad del tema. Si
al desarrollo puramente léxico que estaba primando en
nuestra labor, le añadimos un mayor detenimiento en los
contenidos de la palabra (en el aspecto enciclopédico),
estamos seguros de que habremos cerrado el ciclo de
utilidades que se le pueden dar a un solo diccionario.
Porque pretendemos que de cada tema que abordemos resulte un
diccionario completo en los aspectos ideológico, léxico y
enciclopédico.
Estamos
seguros de que este género de trabajo es imposible
arrancarlo desde la perfección del diseño; por eso iremos
ofreciendo lo que vayamos elaborando y a medida que
encontremos las deficiencias a la hora de implementarlo, lo
iremos perfeccionando o modificando. Hoy ofrecemos la
palabra idea.
ORIGEN
DE LA PALABRA
IDEA
Nos
hemos traído esta palabra del griego a través del latín.
En griego tiene dos formas: idea
(idéa)
y eideia
(eidéia). En ambos casos nos
encontramos ante una forma sustantivada del verbo eidw
(éido),
que significa ver, verse, parecer, aparecer, y se
corresponde con la forma deponente vídeor, videri, visus
sum, más que con la forma activa vídeo.
Tuvimos
que llegar al inefable Platón, el filósofo que desarrolló
la teoría de las ideas, para que el uso de esta
palabra quedase relegado al plano filosófico, de carácter
puramente mental, quedando en el olvido sus significados de
valor físico. Porque nos dicen los diccionarios que los
primitivos valores de idea
(idéa)
son apariencia, forma, aspecto exterior; y que a partir de
ahí desarrolló los de manera de ser (aspecto), carácter
distintivo (aquello que más se ve de las personas y las
cosas, lo que más destaca de ellas), forma de ser, forma.
Al llegar aquí el término se ha convertido ya en
abstracto, y denomina el conjunto de caracteres que
determinan una agrupación o clasificación (clase, género,
especie, familia...) A partir de este valor colectivo, que
está en el origen del concepto platónico de idea,
pasaron ya los griegos al significado de concepto abstracto
por oposición con las cosas concretas; a los productos
conceptuales de la mente. Digamos por simplificar que fue
Platón el inventor de la idea tal como hoy la
entendemos.
Pero
vamos al significado inicial, que es apasionante. Del mismo
modo que el saber nace en el sabor, la idea abstracta sólo
alcanza la legitimidad genuina de la idea si nace de
la visión que uno tiene de la realidad, de la
apariencia con que se le ofrecen las cosas.
Por “abstractas” que sean. Nos desorientamos del
todo si perdemos de vista que este adjetivo indica que lo
abstracto está fuera de la realidad no porque no tenga nada
que ver con ella, sino porque precisamente se ha sacado de
ella (abs-trahere, abs-tractum significa “arrastrar
fuera de”, “sacar afuera”; y sólo se puede sacar de
algo lo que está en ese algo.)
Las
ideas genuinas son visiones de la realidad, aspectos
que ésta presenta. Cuando las ideas son burdas
deformaciones de la realidad, no merecen el nombre de ideas.
Hay que llamarlas de otra manera: fabulaciones, ficciones,
creaciones si se quiere; pero en absoluto ideas, es
decir visiones. Uno no puede decir de una fabulación
“yo lo veo así”. Puede decir en todo caso: “Me gusta
así”, “lo quiero así”, “me lo imagino así”,
“me gustaría que fuese así”. El soporte de una idea
ha de ser siempre una realidad.
He
aquí pues, que las ideas se tienen que sostener en la verdad
(quid est véritas? ¿qué es la verdad?), no en la
voluntad. ¿Y qué ocurre con las ideologías? Pues
que no nacen de la inteligencia, sino de la voluntad. No de
la visión, sino de la ficción. Exactamente igual que los idealismos.
¿Por qué hemos de permitir que nos impongan las ideologías
si no consentimos que se nos impongan los ideales ni
los idealismos? Unas y otros están muy bien para
solaz del ánimo de sus adeptos; pero no para imponérselos
a los demás.
Mariano
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