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Agendas
y Calendarios 2007
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Le
ofrecemos las agendas y calendarios
más originales y prácticos.
Este año no se quede sin agenda y
calendario: Agenda de mandalas, con sonetos
de Pablo Neruda, Agenda Intermon
Oxfam, La agenda de las brujas, de Marilyn,
Gaudi, Botero, Monet,
el Calendario Lunar, Desing, Maitena,
National Geographic, de las hadas y de las brujas,
de Andy Warhol, Matisse,
Kandisky... |
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ORIGEN
DE LA PALABRA
CÓNYUGE
Es cierto que podemos derivar
coniugium de coniungere, explicando
que se pierde la n por dificultad de pronunciación,
con lo que alejaríamos un tanto del yugo (iugum)
los términos "conyugio", "cónyuge" y
"conyugal", pero no, estoy profundamente convencido
de que ahí está presente el yugo con toda su fuerza.
Vinclum iugale,
atadura al yugo llamaban los romanos sin tapujos al vínculo
conyugal, es decir al matrimonio. Iugale lectus,
"lecho yugal" llamaban a la cama de matrimonio y iugale
foedus "pacto del yugo" al propio
matrimonio. Iugare primis ominibus era
"casar en primeras nupcias". Parece, pues, que les
gustaba mentar el yugo hablando del matrimonio.
Tenemos por otra parte las
expresiones sub iugum mittere, que nos daría
"meter bajo el yugo", presente en nuestra lengua
en la forma "subyugar", del latín subiugare,
y que significa sencillamente "someter"; la
expresión iugum pati, "padecer el
yugo", un eufemismo para decir que se es esclavo; y a
cervicibus iugum servile deicere, "sacudirrse
de la cerviz el yugo servil", que significa liberarse
de la esclavitud.
Todas esas referencias paleológicas
me reafirman en la convicción de que fue una conquista cultural
de primera magnitud someter al hombre al yugo del
matrimonio (y aquí, cuando digo hombre no me refiero a
la especie humana, sino al varón, al macho de la especie).
Uncir al mismo yugo al hombre y a la mujer, en cierta manera
someter también al hombre a las tareas reproductoras,
puesto que la mujer ya estaba sometida a ellas, pero en solitario,
fue una gran conquista de la civilización. Por aquello de que
dos tirando del carro pueden más que una.
Se trataba de imitar a las
rarísimas especies en que macho y hembra asumen las cargas
de la crianza de la prole. La fórmula, uncir a ambos bajo un
mismo yugo. Y se entiende bien que en una época en que la obsesión
de buena parte de la humanidad no es cómo reproducirse, sino
cómo frenar la reproducción, se orienten importantes esfuerzos
a desandar el largo camino que anduvieron nuestros antepasados
en pos de una fórmula para uncir un hombre a una mujer, acondicionando
así un espacio más confortable para la crianza de los hijos,
que el espacio formado sólo por la madre. Es tiempo de sacudirse
yugos viejos que levantan ampollas en cervices jóvenes,
e inventar otros yugos más muelles y más vistosos que
crean ilusión de libertad.
Queda una pregunta en el aire:
la tendencia de la mujer a esforzarse por tener atado a ella
un hombre, y la disposición a pagar para ello el mismo tributo
que pagaba en el matrimonio, ¿es un residuo conyugal
que el tiempo borrará, o es una inclinación más fuerte que
la cultura, con raíces en los instintos ?
Mariano
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