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LAS CLAVES LÉXICAS
LA
AUSTE
RIDAD ES ASTRINGENTE
Esto,
dicho así, suena a una de esas afirmaciones de Fray Gerundio
de Campazas. Pero es que a veces las palabras tienen
relaciones y conexiones rarísimas, y ésta es una de ellas.
Ayer examinaba una palabra sorprendente: austeridad.
Resulta que denomina una cualidad del gusto: lo agrio, lo
acre, lo acerbo, lo áspero al gusto (como las bellotas, el
membrillo y algunas pieles de palosanto, las castañas
agrestes, que dejan la boca y la lengua sumamente ásperas);
una cualidad que cabe muy bien en el término astringente,
que añaden los diccionarios entre los significados de austero.
Así que según eso, lo austero es astringente. Si traducimos
“lo que tiene sabor áspero es astringente”, nos acercamos
ya a la doctrina general sobre esta cualidad: los taninos, de
sabor muy áspero, son astringentes. Y acaba de quedar todo en
su sitio cuando averiguamos que los taninos son sustancias
curtientes, de tenería, que se usan para desecar las pieles;
y se cuentan entre ellas los frutos, maderas, cortezas y raíces
de roble, castaño, etcétera. Lo más chocante es que cuando
pasamos al significado metafórico de austeridad, el que
habitualmente le damos, desligado ya de su relación con el
gusto, lo chocante es que también en este plano, la
austeridad es de lo más astringente: mantiene el cuerpo seco,
y bien curtida el alma.
Si
Freud, tan aficionado a construir mundos internos con las
palabras, hubiera sido filólogo y entendido las palabras
desde su entraña, hubiera disfrutado mucho más, y sobre todo
hubiera acertado más en sus complicadas estructuras verbales
para explicar (desplegar) los repliegues de la mente. Él el
primero, y tras él muchos más, han dado al estreñimiento
explicaciones de carácter psíquico que, mira por dónde,
cuadran a la perfección con la misma naturaleza de las
palabras. La austeridad y el estreñimiento tienen en su
historia léxica un extraño parentesco. Austeridad es
sequedad, es acidez, es aspereza, es calidad de astringente.
Pero todos los extremos son malos: una sequía exagerada, un
exceso de astringencia, tampoco es saludable. En el medio está
la virtud. Si son apreciados los astringentes en medicina, es
porque hay que curar el extremo contrario: la excesiva fluidez
del vientre o de la sangre, o la excesiva expansión de los
tejidos en las inflamaciones. Un vientre demasiado seco, una
sangre espesa en demasía, unos poros cerrados en exceso,
también son fuente de problemas. Pero a juzgar por la táctica
que siguen todos los fabricantes de leches maternizadas,
papillas y demás alimentos infantiles, son mucho mayores los
riesgos de la flojera de vientre que los del estreñimiento,
porque todos pecan por exceso de astringencia, y producen
estreñimiento en los bebés. De todos modos no deben acabar
ahí las manipulaciones de los alimentos, puesto que sigue
siendo ésta una afección muy común en los adultos. La mayor
evidencia de ello es que abunda la publicidad en la televisión
de productos farmacéuticos y de alimentos especiales para
remediar este problema.
Siendo
tan temibles las enfermedades que cursan con diarrea, se
desarrolló desde muy antiguo la investigación sobre los
astringentes que se aplicaron tanto en la industria como en la
medicina. Y tal como fue evolucionando esta técnica, variaron
con ella las palabras, hasta llegar al moderno estreñimiento.
Así se pasó de astringir a astringente, astreñir, astriñir
y sus derivados astricción, astrictivo, astringencia,
astricto; para saltar luego a estreñir, estreñido, estreñimiento;
y a las formas aún más complicadas de restriñir, restriñimiento,
restriñidor. No deja de ser extraña tanta variación en las
denominaciones. Es posible que este fenómeno sea debido a que
se trata de temas que causan cierto pudor, y se rehúye
nombrarlos directamente (esto se aprecia muy bien en la
publicidad). Recordemos, finalmente, que al etreñimiento lo
llaman los franceses constipado, por lo que se extrañan
cuando nos oyen proclamarlos sin pudor.
EL
ALMANAQUE aborda hoy la palabra astringente
y el respectivo grupo semántico. (estreñimiento).
ASTRINGENTE
Es
el participio presente (esta forma tuvo también valor verbal,
cual corresponde a los participios, pero hoy le queda sólo el
valor nominal) del verbo astringir,
ya en desuso, sinónimo de restriñir, y más antiguamente de
restringir. En los diccionarios se define lo astringente
como una propiedad de los remedios o los alimentos que
astringen o estriñen. Y estreñir es poner el vientre en
disposición de no poder evacuarse o causar obstrucciones.
Estreñir la bolsa es tenerla bien apretada para no soltar los
dineros, ser agarrado. De estreñir viene estreñimiento,
palabra que suena ya más familiar que las anteriores.
El
origen es latino. Celso, el gran médico del siglo I, llamado
el Hipócrates latino, en su enciclopedia médica titulada “De
Medicina libri octo” usa ya el término astringens
(gen. astringentis)
con el significado que hoy tiene. Procede del verbo astríngere,
sin duda la forma hablada, poco frecuente por escrito, que
remite a adstringo,
adstríngere, adstrinxi, adstrictum, que significa ligar,
unir fuertemente, amarrar, ajustar, estrechar, hacer más
pequeño o más estrecho a fuerza de apretar. Adstrígere
labra es apretar los labios; adstringere
alvum, estreñir el vientre; adstríngere
undas, helar las aguas; adstrictus
cruor, sangre cuajada en las venas. Se usó también como
la forma verbal que les falta a austerus
y austéritas,
con el significado por tanto, de amargar, picar, ser acre, ser
mordicante: radix gustu
adstringit, la raíz es áspera al gusto, tiene sabor
acre. También es interesante a efectos médicos, el
significado de juntar, cohesionar, comprimir: totum
opus bitúmine adstríngitur, toda la obra está
compactada con alquitrán (lo llamaban betún); venas
terrae hiantes adstríngere, cerrar, estrechar las venas
demasiado abiertas de la tierra, dice Virgilio. Paso por alto
los demás significados de adstríngere,
indicando tan sólo que siendo el concepto que en este
verbo se encierra realmente amplísimo, lo hemos confinado al
campo de lo que hoy entendemos por astringente, repartiendo
los demás significados entre otros verbos.
¿Y
cómo hemos llegado al estreñimiento? Pues sencillamente
renunciando al prefijo ad
que los latinos añadieron al verbo stríngere
para connotarlo de manera especial. En las palabras estreñir
y estreñimiento no hay prefijo, sino tan sólo la e
que añadimos en español para poder pronunciar la s
líquida: así studium
lo hemos
transformado en estudio, spíritus
en espíritu, spina
en espina, etc. y stríngere
en estringir y estreñir. Lo singular es que los romanos nunca
le dieron este significado al verbo simple stringo,
stríngere, strinxi, strictum (del griego
straggw
/ strángo).
En efecto, partiendo de apretar, comprimir, estrechar
fuertemente, oprimir, sujetar, se pasará a las aplicaciones
metafóricas como contener, compendiar, afligir, abrazar,
herir, recoger, desenvainar... Curiosamente stricta
manu no significa con el puño cerrado, sino con la mano
abierta (presta al combate). Se deduce fácilmente que nuestro
adjetivo estricto
procede de este verbo.
Con
este recorrido es fácil perder el rumbo. Venimos de la
austeridad, estamos en lo astringente,
que es una de sus formas, y acabamos en el estreñimiento.
Volviendo, pues, a los astringentes, cuya virtud es estreñir,
a tenor de lo que dice la palabra, se usan para curar diarreas
(si el vientre está suelto, se trata de sujetarlo, de
cerrarlo) y para detener hemorragias espesando la sangre. “Se
conoce con el nombre de astringentes
o estípticos,
dice la Enc.Espasa, a
los medicamentos que constriñen los tejidos y disminuyen la
secreción de las mucosas... Según Lauder-Brunton, los estípticos
son sustancias hemostáticas, y según Soulier, astringentes
hemostáticos. Trousseau y Pidox atribuían a los astringentes
efectos locales tónicos que se traducían por astricción o
contracción fibrilar.” Estíptico procede del griego stiptoV
(stiptós),
que significa apretado, comprimido, compacto.
Mariano Arnal [+] Articulos
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El
REFRÁN
LO
QUE QUEMA, CURA; Y LO QUE PICA, MADURA
El
cuerpo tiene sus propios recursos
curativos, muy poco acordes con la asepsia total. La
naturaleza ha elegido niveles de convivencia con el agresor
(las vacunas están en esa línea), mientras el hombre ha
optado por aniquilarlo. No es el camino, pero ¡qué le vamos
a hacer!
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