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El
Almanaque es un medio abierto a todas las opiniones. La opinión
de los artículos es responsabilidad de sus autores.
LAS
CLAVES LÉXICAS
EL
DESCUBRIMIENTO DEL MAR
En
los últimos 10 años el crecimiento de las llamadas medicinas
alternativas ha experimentado una gran aceleración, y entre
éstas el recurso a “las aguas”. Cuando parecía que el
desarrollo de los balnearios había llegado a su saturación,
he aquí que este sector experimenta un crecimiento
espectacular, con unas inversiones multimillonarias. ¿Cómo
es posible?, se preguntará cualquiera. ¿Acaso quedaban por
descubrir y explotar nuevos manantiales de aguas termales y
mineromedicinales? Ciertamente no, llevan siglos ahí todos
ellos, con sus respectivas instalaciones hoteleras y terapéuticas;
su demanda ha experimentado oscilaciones a lo largo del
tiempo, habiendo alcanzado la saturación estos últimos años.
¿Dónde
se construyen pues los nuevos balnearios? Junto al mar se
construyen (más de un centenar en este último decenio), y
por la fuerza con que empujan los que vienen a continuación,
parece que la cosa no ha hecho más que empezar. En España,
que se había mantenido al margen de esta cultura, se está
construyendo el mayor balneario marino de Europa, y hay
decenas de otros proyectos en marcha. Como si acabásemos de
descubrir el mar.
En
cierta manera sí que podríamos decir que desde la
perspectiva de sus virtudes terapéuticas, el mar ha sido
descubierto muy recientemente. Apenas hace un siglo que se
emprendieron sobre el agua de mar estudios que no ha merecido
ningún otro yacimiento de aguas mineromedicinales. Tan apodícticas
fueron las conclusiones de esos estudios, que parecía que no
podía ser verdad tanto bien y tan sobreabundante. Tras un par
de decenios de euforia, cayó en el olvido el agua de mar, a
excepción de algunos médicos y terapeutas aislados que
mantuvieron la llama encendida. Y quizás fue determinante el
resurgir de la demanda de balnearios, para que estos
profesionales entusiastas se lanzasen a construir
establecimientos de este género junto al mar, extendiendo así
la cultura terapéutica del agua de mar.
Visto
lo visto y lo que nos queda por ver, habrá que reconocer que
acertaron en su estrategia. En efecto, cuando hablamos de
“tomar las aguas” nos referimos a todas sus aplicaciones,
siendo el baño tan sólo una de ellas, y no por cierto la de
mayores propiedades terapéuticas, aunque sí la más
placentera. Sabemos que el solo hecho de beber cualquier agua
en cantidad abundante, tiene un gran poder terapéutico. Si ésta
contiene determinados elementos, tiene el valor añadido que
éstos le aportan. Pero cuanto más ricas en minerales son las
aguas, tanto más desagradables son al gusto: los que creen en
sus virtudes, prefieren el baño a la ingestión, y si no
recurren a ellas para tratar achaques serios, se conforman con
aquél, que actúa de una forma más agradable, aunque menos
eficaz.
Y
hablando de mal sabor, el agua de mar está entre las
primeras. Por eso, por el rechazo casi instintivo a ese gusto
tan difícil, y porque no se concibe un balneario cuyas aguas
no sean de entrada “potables”, es por lo que estuvieron
siempre disociados los conceptos de balneario y de mar.
BALNEARIO
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En
español tenemos tres palabras muy próximas que sin
embargo guardan entre sí una notable distancia: el baño,
los baños
y el balneario.
Empiezo por aclarar que “balneario” es la forma
culta (latina) de “baños”. Paso por alto
asimismo los usos no personales y los metafóricos
de la palabra “baño”.
Tenemos pues en primer lugar que del singular al
plural, la palabra baño
sufre una transformación de significado que va
mucho más allá del número.
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Eso
es debido a una larga historia de rechazo y ocultación de una
realidad higiénica siempre mal resuelta, la de la evacuación
de las “aguas mayores” y de las “menores” (“¡agua
va!”, era preceptivo gritar cuando se vaciaban los orinales
por la ventana) hasta que se inventó el vater
closed, en esencia el tapón de agua para aislar
los malos olores procedentes de las cloacas y de los pozos
muertos .. Así, del mismo modo que a los excrementos sólidos
y líquidos se les llamó “agua”, al lugar que finalmente
se destinó a la evacuación se le dio entre muchos otros el
nombre de baño,
aunque no haya en él más que un váter o retrete. Se le
llama simplemente “baño” o “cuarto de baño” (y también
lavabo) no porque sea el lugar de la casa destinado a bañarse
o a lavarse, o porque sea esa su principal función, sino por
seguir nombrando con la mayor elegancia funciones que se
procura ocultar. Eso denota de paso que el bañarse
y el lavarse sí que se consideran actividades dignas de ser
nombradas incluso con ostentación.
Eso
es así desde que cada uno tiene el váter y la ducha o la bañera
en casa, que antes eran servicios
públicos (en Barcelona, el número 100 de cada calle estaba
reservado para váters y urinarios, y había además en la
ciudad suficientes establecimientos de baños); de ahí que al
cuarto de baño se le llame también “el servicio”.
Cuando no se tenían, pues, estos servicios en casa existían
unos establecimientos públicos precisamente para asearse (el aseo
es otro de los nombres de este lugar), a los que se llamaba baños,
y que compartían nombre con las instalaciones playeras en que
se ofrecían casetas para cambiarse y guardar la ropa, duchas,
servicio completo de “aseo”
(un nombre más) y piscina. La función higiénica de este
otro género de baños
quedaba en segundo plano.
Frente
a estos servicios para la plebe, había soluciones más
refinadas. Quienes no pudiendo permitirse el lujo de tener el baño
en casa, no querían acudir a los baños públicos, tenían
desde tiempo inmemorial la opción de alquilar el servicio de
baño a domicilio. Los bañeros (en griego, balaneuV
/ balanéus) además de acarrear la bañera, proveían
de agua caliente y de todos los complementos necesarios para
sacarle el mayor partido al baño.
Pero
el más alto en la escala de los baños, más allá del
singular y del plural, es el balneario
(en latín, como está mandado). Es el establecimiento situado
por lo general en un lugar idílico, junto a las fuentes de
aguas con propiedades terapéuticas. Queda para un segundo artículo
al análisis del nombre y de la realidad que bajo él se
esconde.
Mariano Arnal [+] Articulos
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