|
El
Almanaque es un medio abierto a todas las opiniones. La opinión
de los artículos es responsabilidad de sus autores.
LAS
CLAVES LÉXICAS
¿AYUNAMOS?
Juan
el Ayunador, patriarca de Constantinopla, además de
hacerse conocer por este noble apelativo, que le confería
gran prestigio y ascendencia entre sus coetáneos, se hacía
llamar Obispo Ecuménico (es decir obispo de toda la
tierra habitada, oikoumenikh
(oikumeniké)) y con este título firmaba siempre. Tamaño
alarde de soberbia dio lugar a que su coetáneo el papa
Gregorio el Grande (este apelativo se le confirió al
canonizarle) en vez de competir con el primado de la Iglesia
de Oriente adjudicándose un título más ostentoso aún, optó
por la humildad, firmando siempre únicamente como obispo de
Roma, acompañando este humilde título con la más humilde
leyenda "servus servorum Dei" = "siervo
de los siervos de Dios", que desde entonces y hasta el
presente vienen usando los papas.
El
de Ayunador era un título de prestigio, puesto que el
ayuno tenía entonces (siglo VI) en la Iglesia gran
predicamento. No sabemos cuál pueda ser la antigüedad del
ayuno como virtud y como práctica religiosa purificadora y
expiatoria. Parece razonable decir que hasta donde alcanza el
conocimiento de las culturas sobre las que se ha edificado la
nuestra, ahí está el ayuno. No sólo en la cultura judía,
sino también en la griega y en la romana.
Cosa
totalmente obvia si tenemos en cuenta que los tres grandes
dominios de todo sistema religioso son la alimentación
(sacrificios), el sexo (ordenamiento de la conducta sexual en
orden a la calidad -proscripción del incesto- y cantidad
-restricciones- de la natalidad) y la purificación (tanto
alimentaria como sexual como moral).
El
ordenamiento alimentario, pues, es lógico que abarcase también
los necesarios ayunos rituales: una práctica
"sanitaria" y "purificadora" en la que tomó
el relevo la medicina, especialmente la naturalista y la
naturista. Son muchos los indicios que señalan las Témporas
como fiestas de carácter purificador, penitencial y
expiatorio celebradas por los labradores romanos al principio
de la siega (feriae messis), al principio de la
vendimia (feriae vindemiales) y al principio de la
sementera (feriae sementinae); las tres estaciones que
se completaron con la cuarta (la de primavera, coincidiendo
con la cuaresma) al final del siglo V.
Las
témporas de diciembre se dedicaron a la Virgen, por lo que la
fiesta de la Anunciación (señalada el 25 de marzo) se
trasladó al 18 de diciembre, con el nombre de Fiesta de la
Expectación (Adviento), que por ser una de las más antiguas
a ella dedicadas se llamó durante siglos Sanctae Vírginis
festum. El gran ayuno, el de la cuaresma, parece que se
originó en la que los judíos llamaron fiesta de las
expiaciones, instituido por el mismo Moisés (Levítico
23, 27), que se completó con otros ayunos conmemorativos de
grandes episodios nacionales, entre ellos el de Purim.
Ante grandes amenazas los profetas y los sacerdotes decretaban
ayunos generales para ahuyentar los peligros (el de Nínive
predicado por Jonás es uno de los ejemplos).
Eran
muchos los judíos que se santificaban mediante el ayuno: san
Juan Bautista fue un prototipo de penitente judío. También
Cristo se retiró al desierto 40 días para ayunar y ser
tentado por el diablo antes de su pasión y muerte. Es el
fundamento religioso de la cuaresma; a imagen y semejanza de
ésta instituyó Mahoma el Ramadán (Sura II v. 179-183
del Corán. "¡Oh creyentes!, os está prescrito el
ayuno, del mismo modo que fue prescrito a los que os
precedieron"...) La tradición es el argumento. La
ocasión, la revelación del Corán por el Arcángel san
Gabriel.
EL
ALMANAQUE dedica hoy sus reflexiones al ayuno.
El
REFRÁN
:
POR
AYUNAR NO SE HA MUERTO NADIE; POR DEMASIADO COMER, MUCHOS
Es
posible que esta sentencia popular, antiquísima, entronque
con el espíritu ancestral de los ayunos: la seguridad de que
junto al culto del comer (muy intenso, extenso y rico en todas
las culturas) es necesario que haya también para equilibrar
un culto del no comer. (es el momento, no obstante, en que la
gente se muere de anorexia. ¡Somos originales!)
LÉXICO :
AYUNO
Es ésta una práctica
religiosa presente en muchísimas culturas, que ha perdido
valor religioso, pero que con otros nombres ha ganado
prestigio en la política (huelga de hambre) y en la dietética
(dietas, adelgazamiento, mantenimiento de la línea...),
llegando a constituir en ambos casos un riesgo grave para la
salud, pero sin perder por ello el respeto y el prestigio
social. Tanto la palabra ayuno como su práctica tienen
en nuestra cultura un profundo arraigo, viniéndonos no sólo
de nuestros antepasados religiosos, los judíos, sino también
de los griegos y de los romanos.
El
concepto hebreo de ayuno (que aparece ya en el Levítico, es
decir en uno de los libros fundacionales del pueblo de Israel)
lo traducen los textos griegos con el sustantivo nhsteia
(nestéia). Con esta palabra se denominaba en muchas
ciudades de Grecia y especialmente en Atenas, no sólo el
ayuno en general, sino también el gran día de ayuno que se
celebraba el 10 de noviembre, 2º día de las Tesmoforías,
fiestas en honor de Deméter eminentemente femeninas, en
agradecimiento a la diosa por haber instituido y enseñado al
hombre las leyes de la agricultura y haber fundado el
matrimonio (qesmoi
/ zesmói son las leyes e instituciones divinas). ¡En
plenas fiestas (el 2º de cinco días), un día de ayuno! Tenía
por tanto carta de naturaleza, también religiosa, en la
cultura griega. El verbo nhsteuw
/nestéuo significa además de ayunar, pasar hambre; y
como en latín llaman al intestino yeyuno h
nhstiV /he néstis
(el que ayuna). En la cultura romana también estaba asentado
el ayuno como práctica religiosa: Jejunium Cereri
instituere era instutuir el ayuno en honor de Ceres (la
Deméter romana). En la misma línea estaban las expresiones jejunium
(de)ponere = abandonar el ayuno; jejunium sólvere =
quebrantar el ayuno. Además del valor religioso, esta palabra
servía para denominar el hambre y la escasez: jejuna plebécula
llama Cicerón al "populacho hambriento"; sedare
jejunia = sedar los ayunos, matar el hambre; jejunus
ager = campo ayuno, es decir árido y estéril; animus
angustus et jejunus = ánimo angosto y ayuno, estrecho y
mezquino.
Nuestra palabra ayuno
procede evidentemente del latín, pero el contenido de la
misma es de origen hebraico. El largo período casi teocrático
por el que pasó Europa durante la Edad Media, dio lugar a una
tal proliferación de ayunos, que acabaron ahogando la
institución: eran tantos y tan prolongados, que hubieron de
relajarse con las colaciones. Era sustancia del ayuno (igual
que el islámico) comer una sola vez al día. Desde los 21 años
la Iglesia prescribía ayunos a lo largo de toda la cuaresma
(exceptuando los domingos); las cuatro témporas (las cuatro
estaciones; celebración de carácter agrícola, de probable
origen romano, con ayunos y todo): era preceptivo el ayuno el
miércoles, viernes y sábado de cada témpora. Se ayunaba
además las vigilias de Navidad, Pascua de Pentecostés, vísperas
de san Pedro y san Pablo, de Todos los Santos, de la Asunción
y algunos más. Las excepciones al ayuno fueron numerosas:
desde la colación (una segunda comida más o menos austera) y
la de los soldados que luchaban en las cruzadas, hasta los que
aportaban dinero para sostenerlos y que por ello obtenían sus
mismos privilegios (las controvertidas bulas).
Mariano Arnal [+] Articulos
Buscador temático del Almanaque LÉXICO
|