PORTAL CULTURAL EL ALMANAQUE    Año III. Nº 813   Miércoles  14  de  Marzo de 2001. 

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Hace tiempo, tal dia como hoy ocurría : 
Año: Efeméride:
1681 El cuáquero William Penn obtiene una licencia para establecer una colonia en Pensylvania.
1681 Nace el compositor Georg Phillipp Telemann.
1804 Nace el compositor Fréderic Chopin.
1868 Nace Máximo Gorki.
1879 Nace Albert Einstein.
1883 Fallece el filósofo y economista Karl Marx.
1905 Nace el ensayista Raymond Aron.
1932 Fallece el inventor Georges Eastman.
1933 Nace el actor Michael Caine.
1980 Muere en accidente de aviación Félix Rodríguez de la Fuente.


EFEMÉRIDES

del dia proporcionadas
por
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Miguel Magallanes 

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LA ENSEÑANZA, ¿Y ESO QUÉ ES? 

¿Qué tal si vamos poniendo las cosas en su sitio y llamamos a cada cosa por su nombre? 

Cuando hablamos de enseñanza, ¿nos referimos de verdad a la enseñanza? La respuesta es NO. Se supone que los centros en que se acoge a los “niños” prácticamente desde que nacen hasta los 16 años (detengámonos en la etapa obligatoria) son para “enseñarles” algo, y en efecto están servidos por personas que se llaman a sí mismas “enseñantes”, los sindicatos a los que están adscritos son de “enseñanza”, los centros son también de “enseñanza” y el departamento de la administración de que dependen es el de “enseñanza”. Las excepciones a esta norma general van a parar a “sanidad” si se trata de centros para menores de tres años, y “trabajo”, “bienestar social” (beneficencia) o “protección del menor” (un eufemismo para las peores situaciones) si se trata de desviaciones de la línea general. 

Los centros de enseñanza, que por eso se llaman así, se crearon nada más que para la enseñanza. Es una obviedad; de no ser así, se les hubiera puesto otro nombre. Eso significa que todos los niños y niñas que los frecuentaban, y todo el tiempo que en ellos estaban, los dedicaban a aprender; porque todo el personal que servía al centro dedicaba todo el tiempo que en él permanecía, a enseñar. Se denominaba (es oportuno que nos fijemos también en esto) no por lo que iban a hacer los “aprendices” (¿por qué los de oficios sí, y los de escuela no?), sino por lo que iban a hacer los maestros o “enseñantes”. Eran pues centros de enseñanza a tiempo completo. Tan es así, que ni siquiera existían patios en las primeras escuelas, ni menos en las academias; y en los horarios no se contemplaban los descansos. Allí el maestro iba a enseñar, y el alumno a aprender. 

El primer corolario de este postulado era que no había escapatoria: el maestro o el maestrillo tenía su librillo en el que estaba clarísimamente escrito qué debía hacer para que los niños estudiasen y aprendiesen. Cobraba por cada niño, no por todo el grupo; y no le interesaba renunciar a ninguna cuota. Así que cuando tiraba la toalla y licenciaba al alumno, perdiendo así su cuota, es porque realmente no había nada que hacer. Pero nadie estaba dispuesto a darle un duro por tener al niño o a la niña en clase sin hacer nada. La solución era llevárselo su padre a destripar terrones. Y del mismo modo que entre los médicos tiene más clientela (en la medicina privada) aquel que es capaz de curar al enfermo que los demás han desahuciado, lo mismo ocurría entre los maestros: los que eran capaces de sacar pan de las piedras, eran los más solicitados: tenían siempre el aula abarrotada. 

Pero esto ha cambiado: los centros de enseñanza ya no están destinados únicamente a enseñar, ni se dedica a esa actividad todo su espacio y todo su horario, ni tampoco los “enseñantes” dedican todo su tiempo y su esfuerzo a enseñar, ni todos los alumnos que los frecuentan están allí para aprender. 

EL ALMANAQUE se detiene hoy en los enseñantes.

 

 

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ENSEÑANTE 

Es un palabrote que han inventado los sindicatos para representar y al mismo tiempo escarnecer a todos los que se dedican a la enseñanza y a las nuevas especies afines en cualquiera de sus niveles, desde el preescolar (no en la pre-escuela, sino en la escuela) al universitario. Entre las especies afines están los formadores, los pedagogos, los psicólogos, los psicopedagogos y los tutores. Todas proceden de un mismo tronco, el del maestro, del que salió la subespecie del profesor para los niveles más altos (la enseñanza secundaria y la universitaria), el cual a su vez se subdividió en catedráticos (subdivididos a su vez en “de oposición” y “de condición personal” o de cupo), agregados, etc. Tiene esta palabra dos grandes méritos: el primero, muy apreciado hoy en día, que es el ser de género común, que sin artículo comprende el masculino y el femenino, y con artículo se transforma en uno u otro género. El otro mérito es que engloba en un solo término a la variadísima fauna de los que ejercen la enseñanza en cualquiera de sus modalidades, amén de los directores y demás personal no docente, como los inspectores, administradores y administrativos bedeles y conserjes, del sector. Hubiese quedado mal denominar a los complementarios “personal no enseñante”, porque no pintarían nada en el sindicato de “enseñantes”, así que para disimular se les llamó “personal no docente” (también de género común). 

¡Y pensar que antes en la enseñanza sólo había gente que enseñaba! Si cada vez hay en el sector más gente que no enseña, es que también hay más gente que no aprende. ¿Relación causa-efecto? Casi seguro, porque resulta que los diseñadores de nuevos formatos, de grandes inventos y de reformas, son en su mayoría “enseñantes” que prefieren los despachos a las aulas, y desarrollan una enseñanza de despacho, o de diseño, que se lleva mucho, e introducen en los centros de enseñanza gente nuevas ideas y nuevos oficios, que cada vez tienen menos que ver con la enseñanza, pero que se les sigue llamando enseñar para estar en línea con el rótulo del centro. Y esta gente nueva de oficios nuevos sirve de locomotora para arrastrar a la gente de la vieja enseñanza hacia las nuevas pedagogías, psicologías y sociologías que cada vez tienen menos que ver con la enseñanza. 

El resultado final es que un centro de enseñanza acaba siendo un lugar en el que pulula cantidad de gente la mayor parte de cuya actividad en el centro no tiene nada que ver con el enseñar ni con el aprender. Empezando por los alumnos que van a clase sin llevar siquiera un lápiz o una libreta, porque van a no hacer nada, y siguen yendo a eso un día tras otro, sin faltar casi nunca, continuando por los que dedican sólo una parte muy pequeña del tiempo que están en la clase a hacer algo relacionado con los estudios; y continuando con los “enseñantes” que, si son los profesores de esa clase, obviamente no pueden dedicar demasiado tiempo a enseñar, porque esos que van a no hacer nada o a hacer muy poco, dan mucho quehacer. Y además del profesor, hay que contar con profesores de guardia (de hecho, guardianes) pedagogos, psicólogos, terapeutas, psicopèdagogos, tutores, etcétera, para atender a los alumnos que la enseñanza no atiende, o el tiempo que no les ocupa ésta.

Mariano Arnal  


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UNA FRASE


La verdadera filosofía se ve en la conducta, no en los discursos

C.I.B. Bonnin 

Si hemos de valorar la bondad de las nuevas filosofías y diseños de la enseñanza por las conductas que han generado, está claro que esas filosofías fueron delirios paranoicos.

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El REFRÁN


POR DO SALTA LA CABRA, 
SALTA LA QUE LA MAMA 

La enseñanza no se ha deteriorado sola. La hemos diseñado tal como es. No se nos ha escapado de las manos: es un diseño de los que entre nosotros son especialistas en modelar nuevas generaciones de hombres y mujeres. De un diseño tan cabra, era muy difícil que no naciesen cabritillos.

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ONOMÁSTICA

 


MATILDE

El nombre procede del germánico Maht-hild, guerrero fuerte. Está muy difundido entre los países germánicos, porque ahí florecieron las grandes Matildes. El prestigio de este nombre ha alcanzado también, aunque en menor medida, a los países de habla hispana. Estuvo muy de moda durante la alta Edad Media en Europa, sobre todo en Alemania y en Francia. Volvió a renacer la tradición del nombre durante el siglo XIX. En nuestro siglo decayó en un principio y, a partir de los años setenta, ha penetrado en niveles selectos. Tiene diversas variantes como Matilda, Mectilda, Mechtildes (que son formas antiguas), Mahalta, Mafalda, Maud (forma anglosajona procedente de Mahaut, nombre popular con que se denominaba a la reina Matilde de Flandes).

Santa Matilde reina de Alemania, esposa de Enrique I y madre del emperador Otón I el Magno, nació en Engern (Westfalia) el año 895. Fue hija de Teodorico, conde de Ringelheim (de la casa de Sajonia) y de Reinhilda (de la familia de los príncipes de Frisia). El duque Otón de Sajonia la pidió en matrimonio para su hijo Enrique. Se celebró el enlace en Walhausen, el año 909, cuando Matilde tenía 14 años. De este matrimonio nacieron cinco hijos: Otón I, emperador de Alemania; Enrique, duque de Baviera; San Bruno, arzobispo de Colonia; Gerberga, esposa de Luis IV el Ultramarino, rey de Francia; y Eduvigis, esposa de Hugo Capeto, tronco de la tercera rama de los reyes de Francia. Era Matilde una reina humilde y piadosa, que tenía ganado el corazón de sus súbditos. Una de sus ocupacione