NECIO

En latín se forman verbos negativos, como de volo (quiero), nolo (no quiero). Del verbo scio, scire, scivi o scii, scitum (saber, tener noticia o conocimiento de algo), se forma el negativo nescio, nescire, nescivi o nescii, nescitum (no saber). El participio presente de scio es sciens, scientis (el que sabe), cuyo plural neutro es scientia (literalmente sería las cosas que saben; pero no es ese su valor, sino el de las cosas que se saben), es decir la ciencia (nótese que es la misma palabra, con la sola pérdida de la s líquida; en otros casos, en vez de perderla se le antepone una e para hacerla pronunciable: studium = estudio). Tenemos, pues, un recuerdo del verbo scio en el sustantivo ciencia (y también en los compuestos conciencia, consciencia, consciente, inconsciente. En los tres últimos la conservación de la s delata su naturaleza de cultismos. Nos falta el verbo de este grupo léxico; la traducción la obtenemos de otro verbo, sapere, cuyo participio presente es sapiens, sapientis (sabio); y su sustantivo, sapientia (sabiduría). Hay que notar que al cruzar ciencia y sabiduría cometemos un gran error, porque no es lo mismo scire que sapere. El significado exacto de scire lo podemos inducir de su incoativo scisco, sciscere, y de su frecuentativo sciscitor, sciscitari que significan indagar, tratar de saber, informarse, inquirir, averiguar, preguntar; es decir que se trata de un conocimiento procedente de la indagación y de la información. Eso es al fin y al cabo la ciencia. Bien distinta de la sabiduría (sapientia), que viene de sapere (saborear, saber), que es otra cosa, y que tiene muy poco que ver con el conocimiento, es decir con el estar enterado (en español tenemos además las expresiones "ser un enterado" y "ser un enteradillo"). Del negativo de scio (nescio) se forman el participio presente nesciens, nescientis, que significa "el que no sabe, el que desconoce, el que ignora", que apenas se usa, sino que cede su valor al adjetivo nescius, nescia, con el que se designa preferentemente al que no sabe. De él procede nuestro adjetivo necio, necia. Pero se da la circunstancia de que la forma masculina coincide con la primera persona del presente de indicativo: nescio, que es muy probable que haya contribuido a fijar en la lengua un término excesivamente culto.

Por lo visto, el "no sabe, no contesta" (n/s, n/c) de las encuestas, que alcanza una parte bastante considerable de la población, no es cosa de hoy ni de ayer, sino tan viejo al menos como el ir a pie. Si a un romano le preguntaban lo que fuera, por ejemplo: "¿Voy bien por aquí para ir a Roma?", si el interrogado no sabía cuál era la dirección acertada, respondía: "Nescio", es decir: "No sé". Claro que había quien se pasaba el día diciendo: nescio, nescio, nescio, con lo que fácilmente se le quedaría el nombre de necio. Como el que usa siempre de muletilla: no sé, no sé, no sé... Bueno, en realidad no es éste el origen de la palabra necio, sino el adjetivo nescius, nescia, nescium, que por evolución se transforma en necio. Pero no tendría nada de extraño que el nescio hubiese ayudado lo suyo a la consolidación en nuestra lengua de este adjetivo. De hecho, del argot encuestero ha pasado la denominación de "n/s, n/c" para los que nunca saben nada. Al tronco de nescio la lengua española le ha añadido una rama: la necedad, totalmente autóctona.

Mariano Arnal

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