FRACASO
Esta es una palabra relativamente moderna en nuestra lengua. Se
empieza a encontrar un siglo después del descubrimiento de América. No es que antes no
se fracasase. Es que al fracaso se le llamaba de otras maneras. La palabra procede del
italiano fracassare, que tenía el significado de romperse algo estrepitosamente.
No tiene este término un curso rectilíneo: por una parte está el verbo francés casser,
que significa romper, que a su vez ha de proceder del verbo latino quassare (frecuentativo
de quatio, quatere, quassum = sacudir, agitar), que tiene el mismo significado que
el verbo del que procede, pero más intensivo. Con la particularidad de que su participio
pasado, quassus, a, um, adquiere el significado resultante de tanto sacudir y
agitar, que es destrozado, roto, arruinado, abatido. Es éste el sentido que se recoge en
el verbo italiano fracassare, documentado ya desde Dante. Según Corominas,
estaría formado del verbo cassare, término consolidado en el italiano ya desde
antiguo, con el significado de romper, precedido del peyorativo fra (de infra),
al modo de otros términos de igual composición: fraintendere, frapporre, frastornare,
fraprendere, etc. Pasó al español para denominar el naufragio (sinc. de navis y
frango, frangere fractum) de un barco o de una flota. Fracaso se llamó al
destrozo por la tempestad de la Armada Invencible; y siguió significando fracasar,
romperse una nave contra los escollos. De ahí pasó por vía de metáfora a significar
toda ruina y destrozo irrecuperable.
Además del verbo quassare, ahí está el verbo casso,
cassare, cassatum, que significa casar (casación), anular, invalidar; del adjetivo cassus,
a, um, con el significado de inútil, vano (cassa spes = vana esperanza; cassa
nux = nuez vana; in cassum cadere = caer en la inutilidad, no obtener
resultado, fracasar). En terminología judicial, cassare es anular, casar,
invalidar, dejar sin efecto. Cabe ahí también, por supuesto, el significado de romper,
que sería en todo caso el resultado inevitable de una casación. Hago referencia a este
significado porque ha podido influir en la suavización del significado de fracaso, desde
la derrota total a algo mucho más parecido a la frustración, a la inutilidad de unos
esfuerzos.
Dejando los avatares de la palabra, vamos a los de la realidad:
una de las peores cosas que se le puede llamar a alguien es fracasado. Y ese es uno de los
peores estigmas con que marca la escuela a un número de alumnos que no tiene nada de
residual. Por fortuna son muy pocos los que se enfrentan a su fracaso, lo asumen y se
flagelan por ello, por fortuna. En vez de esto adoptan el papel de rebeldes, enredones,
pasotas, etc. con lo que se sacuden el problema y lo transfieren a toda la escuela. El
peso de estas actitudes en el conjunto de la escuela, la agresión que éstos hacen al
conjunto de la institución, es proporcional a la agresión que la escuela ha hecho contra
ellos abocándolos al fracaso. Es una defensa inconsciente, y un contraataque bastante
inocente; la respuesta institucional es casualmente la misma que se emplea en las
instituciones penitenciarias: legiones de psicólogos y psicopedagogos. Son por lo visto
la profesión y la solución del futuro. El problema, por lo visto, no está en la
institución, que no yerra ni marra, sino en los alumnos. ¡Qué cosas!