ANTROPOLOGÍA
Hay que decir por empezar que si bien hay un pleno acuerdo sobre
el nombre, muy bien hallado, no lo hay, en cambio, sobre su definición, es decir sobre su
alcance. Claro que la inevitable definición etimológica es "ciencia del
hombre", o incluso "ciencia de la humanidad"; pero es tanto lo que abarca
esta definición, que deja la palabra y lo que ésta representa, totalmente indefinida,
sin límites. No es nueva la palabra antropología. Circulaba ya en la filosofía
griega. Aristóteles llamaba antropólogos a los filósofos que se dedicaban a la
especulación sobre la naturaleza del hombre. De hecho se mantuvo como una rama de la
filosofía hasta el siglo XVIII; en el XIX se consolidó como ciencia independiente. Los
médicos y los naturalistas se interesaron por esta ciencia desde sus respectivos puntos
de vista. Linneo la incluyó en la historia natural. Una de sus líneas de desarrollo fue
como biología del género humano, con anatomía y fisiología comparadas, en especial
respecto a las especies afines. La otra gran rama a la que se dedicó la antropología,
fue la etnología, con la que a menudo se la ha confundido. De ahí surgió la división
entre antropología zoológica y antropología etnológica.
AnqrwpoV (ánzropos) es uno de los dos nombres con que se conoce al hombre en
Grecia. El otro es anhr (anér).
De este último tan sólo se ha formado el término andrología como réplica de
ginecología. El término anqrwpoV fue
ganando terreno a costa de anhr, hasta desplazarlo totalmente. Ántropos representaba
en su origen al hombre sometido, y anér al dominador, al guerrero, al hombre
libre. Este último acabó siendo desplazado del todo. Otro tanto pasó en latín con homo
y vir. Nos hemos quedado, pues, con el término que representó al hombre
sometido. No es irrelevante esta distinción en la paleoantropología, pues en la mayoría
de los hallazgos aparecen lesiones hechas de mano del hombre, y se plantea en cada caso si
se trata de restos del dominador o del dominado, del hombre cazador, o del hombre cazado.
El ejemplo más reciente, Atapuerca, con inequívocos indicios de antropofagia.
La etnografía es uno de los territorios preferidos de la
antropología. El estudio de las razas al modo como se estudian en zoología, con la
objetividad propia de un naturalista, no ha contribuido precisamente a fomentar
sentimientos de igualdad y hermandad entre los hombres. No fue positivo para el
escandaloso complejo de superioridad con que se acercaban las razas dominantes a las
demás razas, ahondar en las diferencias raciales y culturales. La antropología
constituyó sin duda una aportación de primer orden al conocimiento global humano, pero
tuvo su parte de responsabilidad en la evolución del pensamiento social y político de
estos últimos tiempos. El conocimiento "científico" de las razas se transforma
fácilmente en racismo. Aún se oyen por nuestras latitudes referencias al ADN
privilegiado y a la dolicocefalia, reminiscencia del racismo decimonónico, que tan
sumamente caro nos salió; como la filosofía de Nietzsche, que aunque objetivamente pueda
ser todo lo aséptica que se quiera, no dejó de aportar argumentos al nacismo.
Mariano Arnal
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