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Día Mundial de la Lepra
Desde el año 1954, el último domingo de enero, se celebra en diferentes países del mundo el Día Mundial de la Lepra. Esta jornada tiene como objeto denunciar la preocupante presencia que esta enfermedad milenaria tiene aún en países de Asia, América Latina y África, y la sensibilización de la sociedad en la lucha contra la enfermedad.
El promotor de esta iniciativa fue el periodista francés Raoul Follereau (1903-1977). Tras visitar una leprosería en Costa de Marfil, quedó tan impresionado que comenzó a organizar movilizaciones y manifestaciones en favor de los enfermos de lepra. Todo ello cristalizó, el 31 de enero de 1954, en la celebración del primer Día Mundial de la Lepra. Simbólicamente, eligió el último domingo de enero, cuando el Evangelio narra la curación de los enfermos de lepra.
Follereau pretendía "una movilización universal de espíritus y corazones en favor de los leprosos". Su objetivo principal era sensibilizar a la sociedad sobre la existencia de esta enfermedad, con la intención de alejar la imagen negativa que se tenía de los afectados. En la actualidad, el último domingo del mes de enero se ha convertido en un día especial en el que se recuerda la fuerte presencia de esta enfermedad en diferentes zonas del mundo, principalmente empobrecidas.
Historia de una enfermedad milenaria
La lepra es una enfermedad que ha azotado a la humanidad desde hace miles de años (en códices egipcios de 1500 a.C. ya se habla sobre su existencia). Su expansión mundial se debe a las conquistas, cruzadas y colonizaciones entre diferentes países y continentes.Para evitar su contagio, a los enfermos de lepra se les excluía de la vida común, recluyéndolos en determinados lugares, llamados lazaretos, de los que no podían salir.Un claro ejemplo de esto es la isla de Culión (Filipinas): en 1906 los americanos, para aislarlos totalmente, la convirtieron en reserva exclusiva de enfermos de lepra. El Doctor noruego A. Hansen descubrió en 1876 el bacilo causante de la lepra: el Mycobacterium Leprae.Síntomas: Tres fases de la lepra
Los síntomas pueden aparecer después de varios años de la infección, ya que el proceso de incubación de la enfermedad es largo (de 2 a 7 años).
Uno de los primeros síntomas es la insensibilidad al dolor, que no se advierte ante rasguños o quemaduras. Las zonas insensibles adquieren una coloración distinta al resto de la piel.
Con frecuencia aparecen parálisis musculares y fragilidad en los
huesos, especialmente en los dedos de las manos y pies.
Otros síntomas, ya más tardíos, son el abultamiento de la frente y la
distorsión facial, a la que se ha llamado "cara leonina".
LA ENFERMEDAD CON MÁS HISTORIA
Desde el mismo momento en que los historiadores declaran iniciada la
historia con la aparición de los primeros escritos de la humanidad, ahí
aparece en ellos la enfermedad de la lepra. En efecto, en unos papiros
egipcios datados hacia el 4.600 antes de Cristo, se pueden leer
recomendaciones para combatir esta plaga.
Tres factores son los que han convertido a la lepra en enfermedad histórica:
la absoluta imposibilidad de ocultar las graves deformaciones y
ulceraciones de la cara y de todo el cuerpo cuando está muy
desarrollada; la constatación de que se transmite por contagio; y el
carácter epidémico que llegó a tener en algunos lugares y momentos.
Una parte de la historia de esta enfermedad nos la proporciona el pueblo
judío, que la sufrió con especial virulencia. Los historiadores creen
que la contrajeron en Egipto, porque la Biblia no la menciona en
absoluto antes de que emigrasen a ese país. Pero entre los papiros hay
uno escrito por el sacerdote egipcio Manethon, que cuentan de forma muy
distinta la salida de Israel de Egipto.
Según este documento, la huida de Israel de Egipto no fue tal, sino
expulsión: habiéndose extendido por el país una enfermedad contagiosa
que manchaba todo el cuerpo -dice el papiro refiriéndose probablemente a
la lepra-, el faraón Bochoris acudió al oráculo de Amón en busca de
remedio. La respuesta fue que era preciso purificar el pueblo expulsando
de él a todos los que padecían esa enfermedad. Y al estar extendida
especialmente entre la población judía de Egipto, el faraón decidió
expulsar a los judíos, y con ellos a los demás leprosos del país,
empujándolos al mar y luego al desierto. Es aquí donde Moisés, uno de
los expulsados, se convierte en caudillo y refundador del pueblo de
Israel.
También el historiador Tácito se hace eco de esta leyenda, que no es
la única que achaca a los judíos la propagación de esta enfermedad,
que ellos vivieron y sintieron como una maldición bíblica. El
historiador judío Flavio Josefo replicó a estas leyendas con sólidos
argumentos. Pero los judíos eran una espina en el imperio romano, y su
leyenda negra se iba tejiendo inexorable. Los estudios epidemiológicos
no avalan la asignación de un pueblo determinado como foco de esta
enfermedad, pues desde la más remota antigüedad se detecta también en
India y China, sin referencia alguna a si es autóctona o importada.
Al tener la lepra formas muy diversas, unas muy benignas y otras
sumamente malignas, su diagnóstico no ha sido nada seguro. De hecho
buena parte de los rituales judíos encaminados a aislar a los leprosos
del resto de la población, no eran sino procesos de diagnóstico. Y se
iba realmente a tientas. Dermatólogos de gran renombre como el Dr.
Hebra han sostenido que el santo Job no fue castigado por Dios con la
lepra, sino con la sífilis; pues a esta enfermedad, que es curable,
responden más bien los síntomas descritos en la Biblia. Asimismo en
los cementerios de leprosos (que hasta ahí llegó su segregación), se
han hallado numerosos cráneos de sifilíticos; señal de que fueron
diagnosticados erróneamente como leprosos. Estos errores de diagnóstico
han incrementado el historial de esta enfermedad más allá de sus
dimensiones reales.
http://www.anesvad.org/lepra/pub/cast/dml.htm
LAS
COSAS Y SUS NOMBRES
LEPRA
No
hemos necesitado cambiarle a esta palabra ni una letra. Nos la
conservaron los romanos en latín tal y cual (lepra,
ae), transcrita del griego lepra
(lépra), con el mismo
acento y con el mismo significado. Esta palabra nació para
nombrar las escamas,
porque así vieron los griegos la lepra, y así es en un momento
de su evolución. Finalmente acabaron reservando y especializando
este lexema para la enfermedad, dejando de aplicarlo a otros
campos, por no contagiarlos. Los griegos destinaron pues esta
palabra para denominar la enfermedad de la piel que se levanta en
escamas. Eso hizo que algunas enfermedades que
no son propiamente lepra
quedaran incluidas bajo este nombre por presentar el mismo
aspecto.
Fueron
conscientes de que este término tenía una extensión excesiva;
por eso junto a él formaron el adjetivo leprwdhV
(lepródes) para
referirse a todo aquello que tiene aspecto de leproso o que es
parecido a la lepra. Denominaron así a las pieles sospechosamente
rugosas, a los que presentaban enfermedades parecidas a la lepra y
a los que tenían aspecto leproso. Desarrollaron también el verbo
lepraw
(lepráo) con el
significado de estar leproso, raerse, consumirse; parece que lo
usaron también para referirse al enmohecimiento del vino. Otro
adjetivo del mismo grupo léxico es lepraV,
lepradoV (leprás,
leprádos), que se usó también fuera del ámbito
significativo de la lepra,
con los significados de nudoso,
escabroso, desigual, áspero, fragoso, doblado; caracteres todos
que se manifiestan en las malformaciones que produce esta
enfermedad.
Lepra
(lepra
(lépra)) significaba
pues, para los griegos, lo mismo que para nosotros, lepra; pero
con la diferencia de que mientras hoy tenemos acotado el uso de
esta palabra exclusivamente para la “enfermedad
infecciosa crónica generalizada del hombre, producida por el Mycobacterium
leprae y caracterizada por
lesiones granulomatosas específicas en la piel, mucosas, nervios,
hueso y vísceras”, para los griegos era una
enfermedad de la piel que hace que ésta se levante en
escamas.
La
definición, es decir la delimitación de la lepra
a su agente patológico no se produjo hasta que en 1871 Armando
Hansen aisló un bacilo (nombre latino que en griego es bakterion
(bactérion) y en español
bastoncito) en los tubérculos cutáneos, que presenta bastantes
similitudes con el bacilo de Koch. A partir de este descubrimiento
decisivo, dejaron de diagnosticarse como lepra
muchas enfermedades, entre ellas la sífilis, que habían estado
incluidas en este grupo. Esta confusión es comprensible, puesto
que al referirse originariamente el nombre de lepra
a las afecciones cutáneas graves a partir de su descamación y a
las fases más agudas que le seguían, se aplicó a todas las
manifestaciones cutáneas análogas a la de la lepra, aunque no
fuese ese su origen. Contribuyó a la confusión el hecho de que
hay muchas clases de lepra.
Al
ser ésta una enfermedad contagiosa, se instituyeron las leproserías
para tener a los enfermos aislados. Se las llamó también lazaretos
porque se creó la leyenda de que el Lázaro al que resucitó Jesús,
había muerto de lepra.
Mariano
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