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LÉXICO

CARMEN

Es este un nombre común latino; su genitivo es cárminis, y su acusativo plural, cármina. Forman parte del mismo grupo léxico (con el que mantienen por tanto lazos semánticos) Carmenta, carmentalis y carmentalia. En español, el nombre común carmen se aplica a la quinta de veraneo con huerto o jardín. Heredados de los árabes la palabra y el concepto, procede de karm que significa viña. En la provincia de León está el municipio llamado Cármenes; el campo de fútbol del Granada se llama también Los Cármenes, en clara referencia a ese origen. Pero dejo de lado esta vertiente, para centrar este artículo en el origen latino.

El primer significado de carmen, cárminis es el de recitación ritual cadenciosa a la que se atribuía una virtud activa. Era parte de una liturgia eminentemente mágica: los cármina se usaban como encantamientos cuya eficacia dependía de la rigurosa exactitud en su ejecución; de ahí que tanto al componerlos como al recitarlos, la estricta cadencia métrica y musical fuesen condición sine qua non de su eficacia. A partir de aquí se extendió el nombre de cármina a todo género de composiciones poéticas, significación en la que tuvo el más definitivo arraigo. Marginalmente se extendió también a todas aquellas fórmulas breves que recordaban los primitivos conjuros, a las que en otro orden se atribuía también una gran virtud: se trata de los dichos sabios o sentencias, y de las leyes. Y precisamente porque perduró en la mente de los romanos su primitivo valor mágico, se buscó la etimología de carmen en los fundamentos religiosos relacionados con la adivinación y los conjuros. Se recurrió pues a los nombres de las divinidades latinas mágicas y adivinas: las Camenas o Carmentas, que se supuso que procedían del verbo cano, canere, cantatum o cantum, que transformado en canmen o casmen acabó en la forma carmen. Ahí a tocar estaba Carmenta, la diosa latina de la adivinación, que tenía también a su cargo los nacimientos. En origen fue una ninfa de las fuentes, a la que se identificó con la Bona Dea (la Buena Diosa). En sus manos estaban el pasado y el futuro. Por eso se consideraban vitales sus vaticinios sobre el futuro del recién nacido. En la leyenda arcadia se confundió a Carmenta con la Sibila (la gran adivina) y con la ninfa-musa Erato, sacerdotisa del dios Pan. Según la tradición romana Carmenta presidió la colonización del Palatino después de desalojar de allí al maléfico Caco. Los romanos le erigieron un altar cerca de la puerta Carmental. Precisamente en su honor instituyeron las carmentales, las fiestas de la vida, en que se ofrecía a la diosa un sacrificio incruento, porque nada debía recordar la muerte (estaba proscrito llevar cualquier clase de piel, porque traía mala suerte para los partos y los recién nacidos. Haciendo un juego de palabras entre carmenta y carpenta (= coche; de aquí, carpintero), se desarrolló la leyenda que dice que los romanos se empeñaron en prohibir a sus mujeres pasear en coche (carpentum) incluso cuando estaban embarazadas. En represalia, se negaron éstas a tener hijos. Alarmados los romanos por la fuerte bajada de la natalidad, les devolvieron el derecho al carpentum, es decir al carruaje. En agradecimiento, erigieron un templo en honor de Carmena y le dedicaron un segundo día de fiesta: el 15 de enero, además del 11. A las pitonisas y adivinas se las llamaba en Roma Carmentas. Quedan en el tintero los Cármina Burana.

Mariano Arnal

 

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