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LÉXICO

BUENA VOLUNTAD

Eudokia (eudokía) es la palabra bíblica (no se encuentra en otros contextos) cuya interpretación clásica es "buena voluntad". Pero en buena ley no podemos aceptar el significado de un lexema aislándolo totalmente de su grupo léxico. Y eso es lo que hicieron los reformistas (lo mismo han hecho en el Padrenuestro), y no precisamente para clarificar el texto, sino para oscurecerlo. En efecto, si nos vamos al verbo eudokew (eudokéo), del que se obtuvo la palabra, hemos de traducirlo por "considerar bueno", "aprobar", "estar satisfecho", "complacerse en algo o en alguien". Este es el verbo que se usa en la Transfiguración: "Éste es mi Hijo amado, en quien me he complacido (eudokhsa / eudókesa; Mt 17, 5). Al ser éste un verbo compuesto, el valor de sus elementos configura (aunque no siempre determina) el valor del conjunto. El prefijo eu (éu), cuyo significado es "bien" o "buen", lo tenemos localizado en el mismo Evangelio (la u intervocálica, consonantizada en v), Eucaristía, eufemismo, eugenesia, eutanasia... El verbo dokew (dokéo) significa en principio, "parecer", "parecerle a alguien", tener la apariencia de". Y por derivación, puesto que algo puede ser lo que a uno le parece que es, este verbo puede significar también "creer", "pensar", "opinar", "suponer"... y también "decidir", como consecuencia de creer que algo es lo conveniente.

Está claro que llegados aquí, tan legítimo es traducir el en anJrwpoiV eudokiaV (en anzrópois eudokías) como "en los hombres que tienen buena opinión o buena creencia", como traducir "en los hombres que tienen buena apariencia, que parecen bien, y por tanto son objeto de una buena opinión o consideración". Ese es el motivo por el que una vez desechada la traducción tradicional, tanto da decir "paz en la tierra a los hombres que ama el Señor (porque dan lugar por su apariencia a que el Señor sienta bien de ellos, tenga para con ellos buenos sentimientos); como decir "paz en la tierra a los hombres que aman al Señor", de retorno al significado clásico de "hombres de buena voluntad". Y no es lo mismo una cosa que otra, porque en en esta última traducción, es el hombre quien tiene que cumplir la voluntad de Dios, quien ha de esforzarse en parecerle bien a Dios; en cambio, en la traducción hoy vigente, nos saltamos unos cuantos pueblos y volvemos a la doctrina de la predestinación: Dios es el que elige a quién amar, y a quién detestar; a quién salvar, y a quién condenar. Por más que haga o deje de hacer el hombre, no será capaz de cambiar ni la voluntad ni el amor de Dios. He ahí cómo una traducción u otra, nos sitúa en una u otra línea doctrinal, frontalmente opuestas. Y a mayor abundamiento hay que decir que se interprete como se interprete el lexema griego en discordia, el texto bíblico no ofrece la menor duda de que en el canto de los ángeles, la paz se proclama no para aquellos que Dios determine (¡mal andaríamos que Dios decidiese a espaldas del hombre, quién ha de tener paz, y quién no la ha de tener, según que Dios le ame o no le ame); el gloria invoca la paz en la tierra, no para todos los hombres, es evidente, sino tan sólo para aquellos que cumplen una condición que depende de ellos, no de Dios: y es el mostrar o tener buena voluntad, según la traducción de la Vulgata, o el comportarse de modo que Dios tenga buena opinión sobre ellos. Pero poniendo el hombre de su parte, no regalándoselo Dios a unos sí y a otros no, para más inri.

Mariano Arnal

 

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