DIARIO MULTIMEDIA DE INFORMACIÓN - DESARROLLO PERSONAL - OCIO - CULTURA - TURISMO - Desde 1998 en la red
EL ALMANAQUE DE HOY REVISTA EL ALMANAQUE
 

LÉXICO

BIOÉTICA

Esta palabra es la respuesta al clima de amoralidad dominante cuando se trata del llamado progreso científico, sobre todo si viste bata blanca. Eso de que todo es lícito mientras se trate de la salud, es una barbaridad evidente en la que se ha sustentado el orgullo corporativo de la omnipotente clase médica, más allá de sus innegables limitaciones y errores, más allá incluso del bien y del mal. La medicina, erigida en protectora de la salud y la vida, los bienes más preciados, exige manos libres para atar y desatar, sin atarse ella a nada: en su época más ingenua se ató al juramento hipocrático. Cuando se le preguntó por la moral médica, respondió que de moral nada, que sonaba a religioso; y se apuntó a la ética médica. Sonaba más liberal. Pero en cuanto la ética entró en las escuelas como alternativa de la moral, la dejaron también en el camino, y proclamaron que se regirían por su propia deontología profesional, que la lleva cada uno en su conciencia o en sus aledaños, porque no existe un código deontológico.

Ante un tema tan grave como el de la clonación humana y la utilización de los productos clónicos en distintas fases de evolución y con las manipulaciones que a efectos médicos sean necesarias, no sólo entre los que no están habituados a aguzar el pensamiento, sino incluso entre los que hacen gala de sesudos y sabidos, predominan los criterios deontológicos en su versión más acomodaticia: se trata de ir haciendo en cada momento lo que convenga, lo que vaya bien (que esas son las traducciones al uso, en absoluto faltas de rigor léxico). Frente a esta posición dominante, a la que de momento parece que acomodarán su legislación Estados Unidos e Inglaterra en nombre del progreso de la ciencia, se han alzado voces de signo contrario, que proclaman la urgente necesidad de elaborar un código de bioética. Y eso, ¿qué sería? Pues sería tanto como aceptar que la investigación biológica tiene claras repercusiones éticas, y que por tanto el propio investigador ha de adoptar una actitud ética ante los objetivos que se plantea. Y no se trata solamente de las aplicaciones de la investigación biológica a la vida humana, sino de toda la biología, porque cada día es más evidente que todos los vivientes somos distintas concreciones de una misma vida, como toda la materia responde al mismo principio atómico. Labioética tendría que llegar a crear una conciencia general análoga a la que se ha creado en torno al átomo: las pruebas atómicas son rechazadas por casi todas las conciencias porque todos conocemos los efectos devastadores de la rotura del átomo. E incluso hay una honda conciencia contra el uso pacífico del invento. "Nucleares no, gracias". La bioética tendría como objetivo crear una conciencia análoga respecto a la manipulación del santuario último de la vida, la célula. Pero a diferencia de lo que ocurre con el átomo, el rechazo a cuya manipulación es la respuesta instintiva al horror conocido, se trataría en este caso de articular un código de conducta y unos hábitos de comportamiento (que eso es al fin y al cabo la ética) antes de pasar por los horrores a los que nos abocaría cualquier error. Si como alternativas a la energía nuclear estamos desarrollando la energía solar, la eólica, y otras muchas, ¿qué no se podrá hacer en cuanto a la salud como alternativa a la manipulación genética? Es ante todo y sobre todo un problema ético. Más nos vale planteárnoslo antes de que sea demasiado tarde.

Mariano Arnal

 

Libros relacionados con el Léxico:

Copyright EL ALMANAQUE todos los derechos reservados.