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LÉXICO

ÁNGEL

Del griego aggeloV (ánguelos), que significa mensajero. Era un noble, nobilísimo oficio, puesto que sólo los más grandes entre los grandes se servían de él; y entre ellos, los dioses. El mensajero, que por algo acaba llamándosele ángel, es el intermediario que pone en contacto a la divinidad con la humanidad; que se acerca a ésta, que desciende de las alturas de Dios para ponerse a la altura del hombre. Algunos antropólogos se preguntan si los ángeles en las primeras apariciones no serían simples mortales con oficio de altísimos "mensajeros", que alcanzaron la gloria de la apoteosis, como tantos otros mortales en todas las religiones (no se diferencian mucho las canonozaciones de las apoteosis). Sea como fuere, ahí están ocupando un lugar mucho más firme en nuestras vidas y en nuestras conciencias que en el sistema teológico.

Siendo como es monoteísta el cristianismo, tuvo sus enormes quebraderos de cabeza (y de Iglesia) a causa del carácter "difuso" de la divinidad. Costó mucho conciliar el monoteísmo con la divinidad de Cristo. Ya en el 323 Arrio sostiene que Cristo no puede ser Dios igual que el Padre; la solución que propone es netamente politeísta: Cristo sí es Dios, pero de otra manera; es una divinidad menor. Y desde aquí en adelante no cedió el empeño tanto de los fieles como de sus obispos por ensanchar el cielo. Y así aparecen los ángeles entre las divinidades intermedias. Era una doctrina que venían elaborando el judaísmo y el platonismo. San Ambrosio fue el primer gran impulsor del culto a los ángeles, que era visto con recelo por san Agustín y otros padres de la Iglesia, que vieron en este culto un peligro de retorno al politeísmo pagano. En el siglo IV un concilio prevenía contra el culto a los ángeles, porque alejaba del culto a Dios y provocaba deserciones de la Iglesia. Pero grande tenía que ser la inclinación de los fieles a sus ángeles, porque acabó prevaleciendo el culto a los mismos. Se pasó de los tres únicos santos ángeles (Miguel, Gabriel y Rafael) que tienen culto oficial en la Iglesia, a una pléyade. Por empezar, fueron incorporados al culto otros ángeles: la iglesia griega añade los nombres de Uriel y Tobiel, y los invoca en sus letanías. El calendario germánico además de Miguel. Gabriel y Rafael, añade los nombres de Uriel, Malthiel, Zadkiel, Peliel y Raziel. Del libro apócrifo de Henoch obtenemos nuevos nombres: Raguel (o Ragüel), Saraqael, Zutel, Rufael, y Fanuel. Una nueva aportación de nombres de ángeles se la debemos al Apocalipsis de Esdras: Gabulethon, Aker, Arphujitonos, Beburos, Zebuleon, Surjan, Urjan y Arsjalaljur. Los cabalistas llegan a fijar el número de los ángeles en 365.000, comandados por Kokhabiel. Los talmudistas elevan el número a 301.655.172 y aún más arriba. (Obsérvese que los más "clásicos" llevan todos la desinencia "el", que significa "Señor, Dios". Los demás delatan origen distinto). Pero no se quedó la ampliación sólo en los nombres, sino que se pasó a las jerarquías, citadas por san Pablo (arcángeles, tronos, virtudes, dominaciones, potestades, principados, serafines y querubines). Naturalmente se multiplican también sus funciones: cada cristiano tiene su Ángel de la Guarda, y luego hay los encargados de acompañar las almas de los difuntos al cielo (In Paradysum perducant te ángeli = llévente los ángeles al Paraíso, dice el canto de despedida de las exequias), y los protectores de los fenómenos de la naturaleza...Su caracterización iconográfica fue tomada en un principio de las Victorias aladas. Luego fueron evolucionando hasta su forma clásica.

Mariano Arnal

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