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LÉXICO - CONFIDENCIALIDAD

 

Las cosas cuyo uso reporta mayor provecho, ventaja o satisfacción, se prestan al abuso. Por eso, las palabras que las denominan suelen ser polisémicas y dan lugar a incómodos equívocos. Eso ocurre con los términos confidencia y confidente, que tienen su sentido peyorativo, en especial el último. Hay que advertir por tanto, que cuando decimos que el médico es un confidente del enfermo, la palabra tiene su más noble sentido, el de que es merecedor de toda su confianza, por lo que el enfermo no tiene secretos para su médico. Y es oportuno sacar a colación este aspecto de la relación médico – enfermo con motivo del creciente uso de la red para la transmisión de historiales, para la consulta, para la exploración e incluso para la cirugía. Y al hilo de estos hechos conviene plantearse la fiabilidad de la red, puesto que depositamos en ella y hacemos circular información tan confidencial y tan sensible como la bancaria. Es importante, pues, que sepamos de qué hablamos cuando nos referimos a la confidencialidad de los datos médicos que circulan en la red.

Fides es el eje en torno al cual gira este concepto, que para los romanos era confianza. Nuestra traducción por fe recoge ese mismo significado en expresiones como “tengo mucha fe en mi médico”. Pero es digno de tenerse en cuenta que en sus orígenes tanto latino como griego, se trata de la confianza que inspira aquel de quien hay que fiarse; en efecto, el verbo peiqw (péizo), de la misma familia léxica y semántica, significa convencer mucho antes que creer, que en fin de cuentas adquiere en la voz media el significado de dejarse persuadir. De ahí que fidus y fidelis, denominaron al que inspira confianza, mucho antes de designar al confiado. El verbo fido, fídere, fisus sum (obsérvese que es semideponente, es decir que ha sufrido un cambio de la voz media a la activa) es muy posterior a fides, y por eso carga ya el esfuerzo para que se dé la confianza, no en el que es objeto de ella, sino en su sujeto, en el que confía. Y precisamente es en el participio presente de ese verbo, fidens, fidentis, donde se le da ese carácter activo y continuo. Y con el prefijo de intensidad con llegamos al confidente, que es el que pone toda su confianza en alguien. No perdamos de vista que el término confidencia no expresa en absoluto ningún genero de complicidad o de reciprocidad. La confidencia gratuita, fruto de la fe que tiene el confidente en el destinatario de su confidencia. Al confidente no le queda más remedio que fiarse.

Esa es la razón por la que los que por su profesión reciben confidencias, están sujetos al secreto profesional. Encabezan la lista los secretarios, que llevan en su mismo nombre la obligación de guardar secreto; les siguen confesores, abogados, médicos, y en general profesionales cuya exclusividad o discreción informativa es decisiva para el desarrollo de su profesión. En un mundo en que cada vez hay más ojos ocultos fisgoneando y dándole publicidad a la intimidad (ver web) es importante recordar el carácter de confidencialidad de la relación del enfermo con el médico. Por eso sería bueno, por puro sentido de la deontología (ver web), que quienes diseñan nuevos recursos y servicios médicos en la red, pusieran tanto esmero en preservar la confidencialidad de los datos que circulan en ella, como los bancos en la protección de los de sus clientes.

Mariano Arnal

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