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LÉXICO - CIRUGIA ALTERNATIVA

 

Por mimetismo con lo que se llaman medicinas alternativas y con todo lo que se apellida con ese adjetivo, se podría ir a esa denominación. No define nada, sino que sólo llama la atención de su diferencia respecto a lo que es norma general y mayoritaria. Si en medicina ese calificativo está revestido de un aura de armonía con la naturaleza, no ocurre lo mismo en sociología, donde los movimientos alternativos se acercan más a la anarquía y a la diferencia por sí misma, por ir contra corriente. La palabra procede del latín alter, áltera, álterum, una especie de adjetivo numeral complementario de unus, una, unum, de los tiempos en que estaban instalados en el sistema binario. En efecto, cuando contando pasaban de dos, ya decían “muchos”. Por eso en gramática había tres números: el singular, el dual y el plural; es decir uno, dos y muchos, que eso significa plures. Y cuando contaban hasta dos, que era lo más corriente, al uno lo llamaban unus, y al dos alter, el otro. Los alternativos lo que hacen es poner a todos los demás en un mismo saco, y ellos son los otros. En ese mismo principio y bajo esa misma raíz están los alternadores y las alternancias.

De todos modos la denominación de cirugía alternativa lo único que definiría es que se trata de situarse en principios y procedimientos quirúrgicos muy distantes de los convencionales. Para aquellos que por los motivos que sea, naturalistas o religiosos, creen que la transfusión de sangre es inaceptable, la cirugía sin pérdida y por tanto sin transfusión de sangre, claro que es la única alternativa, es decir exactamente la otra. Si la inspiración de esa cirugía la constituye precisamente esa demanda, claro que ese sería el nombre más acertado, y el que con más seguridad no sólo informaría sino que satisfaría a los demandantes de esa clase de cirugía. No se debe descartar a priori por tanto. Es una de las denominaciones posibles.

Pero me interesa incidir especialmente en el primer elemento: cirugía. Porque resulta que si en general la cirugía es cada vez menos algo hecho a mano, menos aún lo es cuando se trata de evitar por todos los medios la pérdida de sangre. Las incisiones son cada vez más pequeñas, se evitan o se obstruyen previamente los vasos sanguíneos que caen en la incisión, y se recurre a todos los medios que conduzcan al menor derramamiento de sangre, y en su defecto, a la recuperación de ésta. Y claro, cuando pensamos en el significado original griego de cirujano, el ceir-ourgoV (el que trabaja con las manos) en oposición al médico, que trabajaba con el entendimiento; y cuando recordamos que en nuestra misma lengua se llamó cirujanos a los barberos mucho antes de que la cirugía tuviese auténtica categoría médica, uno siente la inclinación de jubilar ya este término, porque la fineza de las máquinas y la precisión de los métodos informatizados está jubilando ya las manos de los cirujanos, con lo que si en este momento es una impropiedad llamar al cirujano “obrero manual”, que ese es el significado auténtico de su nombre, menos sentido tendrá llamarle así cuando los ordenadores y sus terminales hayan sustituido totalmente sus manos, que no su ciencia. Porque tal como se está yendo a la microcirugía, el hablar de “manos” (ceiraV / jéiras) será un anacronismo flagrante.

Mariano Arnal

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