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Fue Robert Koch, científico alemán, quien demostró en 1876 que determinado bacilo causaba una enfermedad concreta (bacilo, es decir, báculo en latín por su forma abaculada). Koch sentó las bases de la teoría de la enfermedad microbiana casi 200 años más tarde de que un comerciante en telas finas, el holandés Van Leeuwenkoek, viese con sus propios ojos las primeras bacterias (bacteria, es decir, bastón en griego por su forma abastonada). Koch publicó su informe en 1882, añadiéndole sus famosos postulados, aún en uso, de que determinados organismos están relacionados con enfermedades concretas.
Y así se abrió una nueva era en la historia de la Medicina, se dio la luz verde a ciencias como la microbiología y se impulsaron la higiene y la inmunología, lo que confirma que los inventos suelen tener tres o más fases, y éstas, a veces, distan milenios unas de otras: un rey asirio capta vías de infección, un comerciante ve, milenios después, los animalitos que la causan, pero sin sospechar que es así, y un científico demuestra dos siglos más tarde, que son éstos los que envenenan el organismo. Y todo ello, relacionado con el estado mental y tecnológico de cada una de esas épocas.
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