PATRICIA

Deriva del latín patricius (patricio, noble). En Roma se designaba así a los "hijos de los padres de la patria". Luego se redujo a designar a la minoría aristocrática y autóctona de una ciudad (patriciado). Desde Constantino, el patriciado era la primera dignidad romana, después de la imperial. No respondía ya a ninguna función ni tampoco era hereditaria. Los patricios llevaban un vestido que los distinguía, y gozaban de algunos privilegios. La de "patricio" empezó siendo, pues, una distinción que gustaban llevar como sobrenombre los que lo eran; éste tomó también forma femenina, al asignarse el nombre de "patricia" a la esposa del patricio. De ahí surgieron ambos nombres de pila, Patricio y Patricia. Son muy populares en Irlanda, por ser san Patricio el patrón de este país, y allí donde han llegado los irlandeses con su cultura, han difundido estos nombres (en Nueva York tienen su catedral de San Patricio). Tiene las formas hipocorísticas Tricia y Pat, muy populares.

Santa Patricia nació de la ilustre estirpe de Constantino el Grande. Habiendo ella decidido consagrar su vida y sus bienes al servicio de Dios y de los pobres, tuvo que eludir el matrimonio que con un noble romano le había preparado su padre Constante. Llegado, pues, el tiempo de la boda, Patricia se embarcó en secreto, yendo a parar a Nápoles. En esta ciudad dio las primeras muestras de su nueva dedicación. Para dar el mayor esplendor y dignidad al culto, enriqueció varias iglesias de la ciudad no sólo con nueva y más solemne ornamentación, sino también con valiosísimas reliquias que se hizo traer de las tierras más abundantemente regadas con la sangre de los mártires y distribuyó abundantes limosnas entre los pobres. Una vez resignado su padre a respetar y aceptar la voluntad de su hija, se dirigió Patricia a Roma, y allí recibió el velo, símbolo de la consagración a Dios, de manos del papa Liberio. Para celebrar su nuevo estado, repartió con generosidad limosnas entre los menesterosos y de allí se trasladó a su ciudad natal Constantinopla, donde acabó de renunciar a sus bienes vendiéndolos todos y repartiendo su producto entre los pobres. Quiso Patricia, ya liberada de sus cargas mundanas, peregrinar a Jerusalén, pero fue voluntad de Dios que los vientos hiciesen encallar en Nápoles el barco en que viajaba. Quedóse, pues, Patricia en esta ciudad, en la que dejó un imborrable recuerdo de su generosa y eficaz dedicación a los pobres. Allí acabó sus días la santa. Por eso los napolitanos la nombraron su santa patrona y celebran con gran esplendor su fiesta el 25 de agosto.

Las Patricias celebran este día su onomástica, pero el santoral menciona otras dos santas con este nombre cuya fiesta es el 13 de marzo. Entre las glorias del nombre hay que recordar que Patricia era el sobrenombre con que era venerada Isis en su templo de Roma y que los romanos llamaron Colonia Patricia a Córdoba, porque patricios fueron sus primeros colonos. Es el de Patricia un nombre que representa el más alto nivel de nobleza en Roma y tiene como patrona una mujer de gran personalidad, cual corresponde a una auténtica Patricia. ¡Felicidades!

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