IRMA

Nombre germánico antiquísimo que arranca del nombre de una de las tres grandes divisiones de los pueblos germánicos, así llamada por su antepasado mítico Irmino. Se trata de los más antiguos y poderosos germanos occidentales, que vivieron primitivamente por las cuencas del Elba y del Main; sus límites orientales llegaban hasta el Vístula y los Cárpatos. Los suevos y los vándalos entre otros, eran de esta rama y nos trajeron a España el extenso grupo de nombres relacionados con su origen y con su primitiva divinidad, que en español adoptan las formas iniciales de Irm, Erm, Herm. El dios Ermin o Irminsul daba nombre a estos pueblos. Procede de las primitivas religiones animistas, en que los grandes árboles eran objeto de un culto especial. Esta divinidad era representada sobre una columna hecha de un inmenso tronco de árbol. Se alzaba en medio de un bosque sagrado y según unos representaba al dios Wodan o Zin y según otros al jefe germánico Armin o Irmin. (Todavía persiste entre los lapones el culto al árbol, basado en la idea de que éste es el eje del mundo). Carlomagno destruyó dos de estas imágenes sagradas: una en el monte Eresberg (Westfalia) y otra en Turingia. Irma es una de las formas más primitivas de este nombre. Ha sido incorporado recientemente al catálogo de nombres hispanos, junto con los ya preexistentes de Erminio, Herminio o Irminio, Irmina, Irminia, además de los más complejos de Hermenegildo, Armengol, etc.

Si bien existe notable abundancia de nombres de este grupo, llevados por grandes personajes de la nobleza goda, al ser de adopción reciente la forma más primitiva Irma, no existe ninguna santa con esta forma del nombre, aunque sí en sus formas más tradicionales. Así tenemos una santa Irmina, hija del rey Dagoberto II de Francia, que renunció a sus privilegios de nobleza ingresando en el monasterio de monjas benedictinas Oehren, donde vivió santamente. Allí murió el 18 de diciembre del 710. Las Irmas que celebran su onomástica suelen preferir esta fecha.

La saga de las grandes Irmas, está toda ella concentrada en las Ermengardas ("el jardín de Ermin" sería una de las interpretaciones de este nombre). Desde la gran Ermengarda reina de Provenza, hija del emperador Luis el Germánico, que fue emperatriz de Bizancio, hasta Ermengarda emperatriz de los francos, pasando por santa Ermengarda duquesa de Bretaña, Ermengarda duquesa de Borgoña, Ermengarda condesa de Carcasona, Ermengarda vizcondesa de Narbona... mujeres todas ellas que supieron luchar y defenderse con valor y eficacia.

Si por el nombre podemos llegar a la persona, en el de Irma encontramos unas raíces profundísimas, que nos llevan hasta el mismísimo dios (o acaso el jefe) de aquellas aguerridas tribus germánicas que adoraban la naturaleza, y en ella especialmente el árbol. Y he aquí que al adaptarse al sustrato grecoromano, se cruza con Hermes, el dios lírico por excelencia, al que los romanos llamarían Mercurio y le dedicarían un planeta y un día de la semana. Dos grandes culturas, con sus respectivas divinidades, se cruzan en el nombre de Irma. Quien a buen árbol se arrima, buena sombra le cobija. ¡Felicidades, Irma!

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