JULIA

Es éste un nombre de rancio abolengo. Su antigüedad se remonta a los mismos orígenes de Roma. La gens Julia es una de las grandes familias que formaron las tribus romanas, cimientos ambos de la primera estructura social y política de la Roma primitiva. La gens daba nombre a todos sus miembros: en masculino a los hombres (Julius) y en femenino a las mujeres (Julia). Virgilio se encargó de dar a los Julios y Julias el origen más noble que pudiera imaginar un romano. Los hizo proceder de la misma epopeya de Troya, de la que salió el piadoso Eneas, hijo de Afrodita y Anquises, con su hijo Ascanio, llamado también Julus, en el que tendría su origen la Gens Julia a la que pertenecía César, y por adopción Augusto. Para honrar precisamente a la gens Julia y en especial a sus miembros más eximios, se cambió el nombre del séptimo mes del año, que antes se llamaba quirinalis y era el quinto de los instituidos por Rómulo. Marco Aurelio lo sustituyó por el de Julius en honor de Julio César, reformador del calendario romano. Los nombres de Julius y de Julia, que ya tenían una gran extensión por lo ramificada que estaba la Gens Julia, se extendieron más aún al adoptar el gentilicio del emperador muchos esclavos y esclavas imperiales al ser manumitidos.

Santa Julia. Una decena de santas con este nombre menciona el santoral romano, pero son las más célebres Santa Julia de Cartago, mártir. Fue apresada por los vándalos el año 439 y vendida a un comerciante sirio. En uno de sus viajes, pasó al barco ante la isla de Córcega en el momento en que se celebraba una gran fiesta en honor de los dioses. Al no querer descender Julia del barco para no tener que rendir culto a los dioses paganos, se puso el hecho en conocimiento del Gobernador de la isla, quien mandó ejecutarla. Su fiesta se celebra el 22 de mayo. Esta es la fecha en que suelen celebrar las Julias su onomástica; aunque otras prefieren celebrarlo el 13 de mayo, en que se conmemora a santa Julia Billiart, una gran mujer que dejó tras sí una gran obra. Nació en Cuvilly (Francia) en 1751. Le tocó vivir los tiempos azarosos del Terror, y pudo librarse de la muerte gracias a que cayó Robespierre. Fundó el Instituto de las Hermanas de Nuestra Señora. La misión principal de la congregación fue socorrer a los niños pobres y huérfanos. Extendió su obra por varios países. Al morir había fundado 15 conventos y orfanatos.

El nombre de Julia no se engrandeció sólo con las grandes mujeres que lo llevaron, sino también con los ilustres varones que elevaron a lo más alto su prestigio. Empezando por Julio César, que dio un vuelco a la estructura política interior y exterior de Roma; dio forma al imperio, al extender sus dominios por los cuatro puntos cardinales, y estructuró la dominación romana de la que es heredera nuestra civilización. Y el gran papa Julio II, auténtico príncipe renacentista. Rafael, Bramante, Miguel Ángel, Perugino, Pinturicchio, Signorelli, los más grandes artistas del Renacimiento trabajaron para él en la remodelación del Vaticano. Y es que los Julios y las Julias traen la solera de lejos y han dejado en la historia una huella muy profunda. ¡Felicidades!

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