ELENA

Elenh (Heléne) (en dialecto dórico Elena / Heléna) es la forma griega de este nombre. Hasta aquí lo que hay de seguro. A partir de aquí empiezan las hipótesis etimológicas que por un camino u otro van a parar a la luz. Hay quien lo deriva de Selhnh (Seléne), que es el nombre de la luna (selaV / sélas significa brillo, chispa, esplendor, relámpago); quien lo deriva de elainh (heláine), que significaría tea de olivo o antorcha (elaion / élaion = aceite era el combustible para obtener luz artificial); se relaciona incluso este nombre con una antigua divinidad identificada con la aurora. De todos modos es el nombre de la mítica Elena (o Helena) de la Ilíada, la mujer más bella de Grecia, esposa de Menelao, raptada por Paris, hijo del rey de Troya, Príamo, por cuya recuperación guerreó su marido durante 10 años junto con los valientes que le ayudaron. Nombre siempre admirado y que adquirió prestigio en el mundo cristiano a través de la emperatriz santa Elena.

Santa Elena fue la madre del emperador Constantino el Grande, que secundó de forma ejemplar la labor de asentamiento del cristianismo en el imperio romano. Se cree como más probable que fuera hija de una noble familia británica, a la que tomó como esposa el padre de Constantino, siendo gobernador de Britania. Quiere la tradición que fuese la madre quien primero se convirtió al cristianismo, y luego convirtió a su hijo. El caso es que abrazó con fervor la causa de Cristo y se ocupó ella misma de dirigir los trabajos de construcción de las primeras iglesias de los Santos Lugares y las excavaciones para encontrar la llamada Vera Cruz. Para ello se trasladó a vivir a Jerusalén, siendo su residencia habitual los conventos de monjas, en los que vivía humildemente, como una de ellas. Se calcula que el año de su nacimiento debió ser el 246. La fecha de su muerte fue el 18 de agosto del 328, siendo ya octogenaria. Murió en Roma y allí fue enterrada, en la iglesia de los mártires san Pedro y san Marcelino.

Las Elenas celebran su onomástica con preferencia el 18 de agosto; tienen no obstante otras diez opciones, coincidentes con otras tantas santas de este nombre. Entre las Elenas ilustres, además de Elena de Troya y la santa emperatriz, hay que hacer memoria de la emperatriz bizantina Elena (m. 1450); Elena de Montenegro, reina de Italia. Hija del príncipe montenegrino Nicolás I Petrovich, se convirtió al cristianismo para poder casarse con el príncipe de Nápoles que sería rey de Italia con el nombre de Víctor Manuel III. Tuvo cuatro hijos: el príncipe Humberto y las princesas Yolanda, Mafalda y Juana; Helena reina de Polonia y gran duquesa de Lituania (1460-1513). Hija de Iván III Vasilevitch, fue un personaje de mucho peso en la corte rusa durante el reinado de Iván IV el Terrible. Resistió con energía toda clase de presiones; Elena zarina de Servia en los tiempos del gran imperio servio (siglo XIV); Elena reina de Nápoles y Sicilia (m.1271); Elena Glinski, zarina de Rusia (m.1538), madre de Iván el Terrible. Son ciertamente muchas las Elenas que han engrandecido un nombre ya de por sí grande, y que han acumulado belleza en un nombre que nació ya resplandeciente. Como si el propio nombre ejerciera su virtud en todas las que lo llevan. ¡Felicidades, Elena!

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