JACINTO

Es el nombre de una flor a la que por su belleza los griegos le tejieron una hermosa leyenda. Su nombre original es uakinqoV (hyákinzos). Probablemente arranca la leyenda del propio nombre de la flor. Una etimología popular tan antigua como las mitologías, explica que la palabra está formada por anqoV (ánzos), que significa flor más la exclamación "ay" o "ya", que además dicen que está escrita en la flor. Dice la leyenda que Jacinto era un héroe laconio, hijo de Amiclas y Diomedes (según otros, de Ébalo y de la musa Clío). El dios Apolo se enamoró del bellísimo Jacinto. Un día, jugando ambos a lanzar el disco, Apolo hirió al joven involuntariamente. El dios, no estando dispuesto a verle morir, le concedió la inmortalidad convirtiéndolo en flor (este mito se interpretó para adoctrinar sobre lo peligroso que es el ardor del sol -Apolo- para las plantas jóvenes). Es una flor ornamental muy apreciada, de color azul, blanco o rosa (se han obtenido más de dos mil variedades distintas). Los griegos la consagraron a Deméter, la diosa madre. En consonancia con la leyenda de la flor, los griegos dieron también el nombre de jacinto a una piedra preciosa muy estimada. La variedad jacinto de Compostela es de cuarzo cristalizado, de color rojo sangre, en línea con el mito.

San Jacinto de Polonia nació en Breslau en 1185. Hijo del conde Eustaquio de Korski, de la alta nobleza polaca, recibió la formación eclesiástica que solía darse a los nobles. Coincidió en Roma con santo Domingo de Guzmán y vistió el hábito de la orden de Predicadores. Se entregó a la evangelización de Cracovia, que fue el centro logístico de su predicación y donde fundó el gran convento de La Trinidad. De allí mandó monjes a Bohemia, donde gozaron de la protección del obispo de Praga. Fundó también conventos de la orden en Sandomir, población fronteriza, desde la que ejerció un fecundo apostolado entre los tártaros. Se instaló también en Ploskow, en Moravia, extendiendo su predicación por toda Polonia. No sólo era su elocuencia, sino también los milagros que Dios hacía por su intercesión, lo que multiplicó sus éxitos evangelizadores. Prosiguió su obra fundando conventos en Prusia, en Suecia, en Noruega y en Dinamarca, fundando la provincia misionera de Dacia. Siguió hacia la Rusia Superior; llegó al mar Negro y fundó el convento de Kiev. Continuó hacia Siberia, el Turquestán y China. Por todos los lugares que pasó, fundó conventos y comunidades cristianas. Luego hizo el viaje de vuelta a Polonia, donde aún continuó predicando algunos años hasta su muerte, que tuvo lugar el 15 de agosto de 1257. San Jacinto fue el santo nacional polaco por excelencia. Se le considera un santo milagrero y a él se han encomendado los polacos en todas las situaciones de apuro. Fue canonizado el 10 de abril de 1594 por Clemente VIII. Fue una fiesta de exaltación nacional.

Otros 15 santos con este nombre venera la Iglesia; pero es el santo polaco el que prefieren los Jacintos para celebrar su onomástica, el 17 de agosto. Un personaje increíble, que consiguió todo lo que se propuso. Entre el santo patrón, el personaje del mito, la flor y la piedra preciosa, los Jacintos tienen unos anclajes maravillosos para obtener de su nombre fuerza y belleza, toda la que quieran. ¡Felicidades!

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